La Audiencia Provincial de Salamanca ha acogido el juicio contra el psicólogo y profesor de la Universidad de Salamanca al que se le ha acusado de una presunta agresión sexual a una mujer de 40 años con la que mantuvo, previamente a los hechos denunciados, una relación terapeutica. Los hechos que están siendo investigados se remontan al periodo que comprende desde 2022 a 2024, en diferentes intervenciones judiciales en las que han sido partícipes familiares, agentes policiales, perito y, por supuesto, el propio acusado.
A la vista oral que se ha celebrado este miércoles, 13 de mayo, la denunciantes no ha podido acudir debido a su estado de salud mental. En vez de haber declarado la mujer, sí que lo han hecho tanto su hermana como una amiga, donde han asegurado ante el Tribunal que en numerosas ocasiones preguntó “si estaba bien o mal” los hechos denunciados, además de explicar que la confianza en el psicólogo era plena. Eso sí, cabe destacar que ambas personas incidieron en la idea de especial vulnerabilidad en la que estaba sumida la denunciante.
Seguidamente, lo hizo una de las peritos psicológicas que se ha encargado de evaluar a la denunciante, tanto los hechos ocurridos como los comportamiento de la misma de manera posterior. En todo caso, ha explicado ante el Tribunal que “no tuvo una evolución favorable” al ser tratada por el psicólogo, concluyendo, además, que la paciente había presentado un trastorno ansioso-depresivo “sin mejoras en su estado”.
Como ha ocurrido en este tipo de casos, la Unidad de Atención a la Familia y Mujer ha señalado que no se encontraron restos biológicos de la denunciante en el despacho del acusado. A esto, la Policía Científica ha indicado que, la ausencia de este tipo de pruebas, podría deberse también a una limpieza del lugar o al paso del tiempo.
En otro de los asuntos que han tratado desde la UFAM, es la presencia de restos menstruales de la denunciante, donde mancharía el sofá el día de los hechos denunciando, a lo que tampoco encontraron pruebas.
Al contar la unidad con una de sus profesionales con formación psicológica, sostuvo en su declaración que entre acusado y denunciante existía “una relación de superioridad”. Al tener la mujer dificultades para la toma de decisiones, acudía constantemente también al psicólogo al ser la persona que “le estaba tratando en ese momento”.
Uno de los momentos que pueden resultar claves puede ser el de uno de los testigos propuestos por la defensa del psicólogo. En su declaración, ha expuesto que “hace tres o cuatro años mantenía una relación con una expaciente”, ante unos hechos que ocurrieron como mucho en 2024, al acontecer los hechos entre 2022 y 2024. El testigo, ante esto, le expuso al psicólogo que tuviera cuidado asegurando que desconocía más detalles sobre esa relación.
Más tarde, sería momento de uno de los testimonio más relevantes también, el de una de las psicólogas de la Asociación Española Contra el Cáncer, donde relató que el acusado “le agarró la mano y se la puso ahí”, además de sostener en todo momento que el psicólogo solicitó fotografía de la mujer, realizando incluso comentarios sobre el pecho de la misma. La especialista ha afirmado también que el profesor de la USAL “dirigió sus movimientos sin consentimiento porque mi paciente no está en capacidad psicológica de consentir”. Añadió además que el acusado llegó a “tocarle la vagina y el culo”, además de besarla.
Igualmente, la psicóloga no se ha olvidado de añadir el miedo de la mujer a denunciar los hechos, además de responder de forma tajante que en ningún momento la paciente consintió mantener relaciones sexuales: "En ningún momento, en los whatsapps, se puede afirmar que mi paciente tuviera intención de hacer algo con el acusado".
Las declaraciones periciales también se han centrado en las secuelas psicológicas de la mujer. Entre ellas, han mencionado el temor de la fémina a salir de casa por no encontrarse al psicólogo; el trauma que sufre cada vez que le viene el periodo por recordar ese supuesto momento; o incluso querer acabar con su propia vida con ideas recurrentes sobre el suicidio y la solicitud que ha realizado sobre una posible eutanasia. Según han indicado, además, la mujer no presentaba este tipo de miedo antes de que ocurrieran los hechos.
Por otro lado, en la parte de los testigos también ha declarado uno de los psicólogos que la atendían telefónicamente. Ante esto, ha declarado que la mujer manifestaba ideas suicidas de una manera reiterada, incluyendo en las conversaciones frases como “me quiero matar”. Otras psicólogas forenses, también han llegado a calificar de “realmente grave” la tendencia e ideas suicidas, trasladándoles a ellas mismas que quería solicitar la eutanasia.
Algunos de los especialistas y agentes policiales que han tratado el caso, también han sostenido que el acusado podría haber manipulado a la mujer, haciendo especial hincapié en que “la vulnerabilidad quedaba clara desde el principio”, llegando a describir a la propia fémina como una persona con baja autoestima y sentimiento de inferioridad desde la infancia. Ante la pregunta de un posible agravamiento del caso de la mujer ante la actuación del psicólogo, han afirmado que “llegó con ganas de resolver su depresión y salió con ganas de morirse”, sin poder dar un porcentaje que pudiera cuantificar si empeoró el estado.
Los últimos en declarar antes del momento del acusado, serían los especialistas que contrató la defensa, asegurando que, al analizar los mensajes que se enviaron por Whatsapp y toda la documentación, la relación era “bilateral y simétrica”. Por otro lado, han sostenido que “no se han encontrado” indicios de que cualquier capacidad de la denunciante de decisión propia y consentimiento estuviera anulada.
Ante estos últimos peritos, el propio Tribunal ha advertido que solo tendrá en cuenta aquellas técnicas científicas que se hayan utilizado para analizar este caso, lo que también podría resultar clave de cara a la sentencia final.
Declaración del acusado
En la intervención del acusado, M.D.G.E, ha sostenido que la relación comenzó en un contexto profesional, en el que le iban a derivar a una joven que enfrentaba “un duelo complicado”. Además, también ha querido dejar claro que no percibió en ningún momento “nada extraño”, además de expresarse la misma con “total firmeza”. Esto último, debido a la declaración de uno de los testigos periciales donde aclaraban que la fémina tendría dificultad comunicativa.
El primero de los contactos fue por medio telefónico, con una primera sesión presencial que tuvo lugar el 4 de agosto de 2023 y una segunda el 14 de agosto de 2023. Un mes después, hubo intención de una tercera vez, que quedó finalmente en un intento. Tras pasar esta etapa, el acusado ha hecho hincapié en que la mujer planteó “ser amigos” debido a que la terapia no estaba funcionando.
Meses después de seguir hablando, hubo encuentros de menor duración hasta llegar al 1 de enero de 2024, donde realizaron alguna llamada ‘subida de tono’. En la versión que ha sostenido el acusado, en conversaciones posteriores llegaron a hablar del futuro de la relación planteándose qué es lo que eran o lo que serían. Asimismo, desde el tercer intento de encuentro ya no existía “ningún pago” ni ninguna relación procesional, según ha explicado el acusado en el juicio.Llegados al 6 de febrero de 2024, momento de los hechos denunciados, la persona investigada ha declarado que ella la que quería quedar, proponiendo el propio psicólogo a partir de las 19:00 horas, momento en el que podría acabar todos los asuntos propios laborales.
Finalmente, la mujer acabó acudiendo a la consulta privada del acusado (otro de los temas centrales en los que se ha centrado el juicio, el lugar de los hechos). Allí, ella se sentó en el sofá, en otro lugar ajeno a donde pasa consulta, y comenzaron a intimar.
A partir de ese momento, el hombre ha afirmado con rotundidad que se realizaron caricias, incluidas de índole sexual, “de manera consentida”.
Finalmente, la joven acudió al despacho privado donde pasaba consulta y se sentó en el sofá. A partir de ese momento, según sostuvo el acusado, comenzaron a intimar mediante caricias “de manera consentida” en todo momento.
El propio profesor y psicólogo, también ha comentado que en los momentos posteriores a ello “todo lo que comentábamos era positivo” además de reiterar la idea de que “no buscaba una interacción sexual, sino que lo que se produjo era porque estábamos a gusto”.




