La Glorieta acoge en su feria taurina de 2026 la celebración del centenario de una de las casas ganaderas con más solera del campo charro. Juan Ignacio Pérez-Tabernero, que cogió las riendas de la ganadería de Montalvo en el año 1984, repasa su vida y la de su familia a las puertas de soplar las 100 velas.
Semanas antes de la cita de este 11 de septiembre, el ganadero nos recibe en su cortijo, la finca de Linejo, en una tarde tormentosa, para remorar tiempos pasados, pero también para conversar sobre el presente y el futuro de una ganadería muy querida, que ha estado unida a grandes figuras del toreo como Santiago Martín ‘El Viti’ o ‘El Cordobés’, y que ahora prende del hilo de una decisión.
Al llegar a la finca nos reciben más de una decena de lo que Juan Ignacio define como “mi capricho”: perros mastines y bodegueros. Hacemos un “tour” por las cuadras donde descansan sus caballos, su otra pasión, y también nos adentramos en el cercado donde yacen pacientes, a la espera del embarque, los toros de la corrida del centenario que será lidiada en Salamanca.
Cruzar la puerta de la casa de Linejo es respirar un siglo de historia viva; los cuadros de las paredes recuerdan a la vez que honran a sus antepasados, los que un día levantaron los cimientos de la ganadería que hoy ve un sueño cumplido en manos del heredero más reciente que puso nombre a lo que hoy se conoce como 'Montalvo'.
Juan Ignacio es un ganadero que se caracteriza no solo por su simpatía y su son campechano, también por el fuerte vínculo que le une al campo. Nació con un saco de tierra del Villar bajo la cuna. Desde entonces su destino estaba escrito: seguir creciendo cultivando sus raíces. Rechazó importantes puestos de trabajo en el extranjero por no separarse de la naturaleza y su felicidad. Hoy recoge parte de lo que un día sembró.
En el mes de octubre verá hecho realidad el cometido que siempre se propuso: mantener viva la ganadería hasta que cumpliera los 100 años. Ahora, la feria de su tierra le brinda la oportunidad de cumplir este ansiado deseo por adelantado.
PREGUNTA. Juan Ignacio, Montalvo cumple un siglo de vida, 100 años de bravura que se van a poder celebrar en La Glorieta.
RESPUESTA. Sí, es una meta que yo he tenido siempre, poder celebrar el centenario de la ganadería y a ser posible en Salamanca. A mí a me hace muchísima ilusión el poder celebrar el centenario en esta plaza y sobre todo el poder celebrarlo, si dios quiere, con un éxito que es lo que me gustaría, pero eso ya hasta la noche del día 11 es una incógnita.
P. Montalvo es una herencia familiar por parte de su padre: ¿Cómo llega este legado a sus manos?
R. Mi abuelo Antonio compró la ganadería de una parte de la de Colmenar, de Martínez, en el año 1926, la puso a nombre de mi abuela, que era María Montalvo. Al fallecer mi abuela pasó a anunciarse como Herederos de María Montalvo, posteriormente, a nombre de Juan Mari Pérez Tabernero, que era mi padre, y luego en el año 1984 mi padre decidió pasármela directamente a mí y desde 1984 hasta la fecha, soy el titular.
P. La Casta Jijona ha sido el alma y el sello de esta ganadería, que con el paso de los años ha ido incorporando la sangre de otros encastes como Daniel Ruiz y Zalduendo, ¿conserva algo de lo de ‘Martínez’?
R. De Martínez quedan pocas vacas y prácticamente de forma testimonial. Yo tomé una decisión en el año 93. Vi que los toros de Montalvo, que entonces se llamaba Juan Mari Pérez Tabernero, eran cornicortos y sobre todo muy cornigordos, quería darle una vuelta porque siempre he considerado que esto es como una empresa pura y dura. Entonces, quería unos mejores resultados económicos y me la jugué y aposté por Daniel Ruiz y Zalduendo. La cuestión es que luego me ha ido francamente bien y compré otras 50 vacas de Moura con cuatro sementales, que al fin y al cabo es, más o menos, el origen de las dos ramas. Ahora ya únicamente tengo Daniel Ruiz con Zalduendo y poco a poco he ido aportando mis iniciativas.
He conseguido un toro que se mueva más, un toro que tenga más longitud del pitón, un toro más bajito y sobre todo otro tipo de embestida.
P. Con sus iniciativas y aportes propios, ¿qué ha conseguido?
R. He conseguido un toro que se mueva más, un toro que tenga más longitud del pitón, un toro más bajito, porque entonces era un toro que era muy alto, un poquito basto. Y ahora ya es un toro más bajo, más cerca de tierra y sobre todo tiene otro tipo de embestida, porque la embestida de lo de Juan Mari Pérez Tabernero, en la época del Cordobés padre, de Palomo Linares, era el toro prototipo que el público pedía, pero luego el público, lógicamente va cambiando de opiniones, de sensaciones, y hay que ir un poco en paralelo a lo que te están pidiendo, que al fin y al cabo el espectador es el que paga. Por ese motivo, tomé esa decisión y, hasta ahora, me ha ido bien.
P. ¿Cuáles han sido los años más gloriosos de la ganadería?
R. Todas las ganaderías tienen altibajos porque las vacas no son inmortales y los sementales tampoco. Hay veces que una ganadera está arriba, luego una temporada no te sale bien, ya bajas un escalón, luego la siguiente te sale mejor, subes dos, bajas uno, pero no me atrevería nunca a decir tal año ha sido el mejor, porque yo siempre estoy esperando que el siguiente sea mejor todavía. No se consigue siempre, pero en ocasiones sí se toma en consideración.
No recuerdo ninguna corrida de los últimos años donde se hayan cortado ocho orejas en Las Ventas, salvo en en la época de El Viti o El Cordobés.
P. Realmente Montalvo siempre ha estado unido a carteles de figuras del toreo, ¿quiénes han sido los diestros con los que más han estado acartelados?
R. De aquí de Salamanca los han matado prácticamente todos. Paco Ojeda, por ejemplo, fue un torero que tiró mucho de ellos, Julio Robles tomó la alternativa con una corrida nuestra, Diego Puertas, El Viti muchas veces han estado acartelados con toros nuestros. También te digo que ha habido un cartel, que ahora ya sería imposible, que fue El Viti, El Cordobés y Gregorio Sánchez, en Madrid, en el que cortaron ocho orejas. Al día siguiente fue de Atanasio, que era El Cordobés y otros dos más que ya no recuerdo y otras ocho orejas. Eso que creo que fue en el año 67, es imposible ahora. No recuerdo ninguna corrida de los últimos años donde se hayan cortado ocho orejas en Las Ventas, salvo en aquella época que era un público distinto, unos toreros diferentes y un tipo de toro que era el que pedía el público para ese tipo de espectáculo. Ahora ya eso no lo consentirían ni de coña.
P. Los mayores triunfos de la ganadería, ¿de la mano de qué familias han llegado?
R. Sinceramente, no sé cuáles son las familias que más triunfos nos han dado. Hay varias. Por ejemplo, tengo la del toro ‘Liricoso’, que indultó a Antonio Ferrera en Salamanca. Esa es una familia de las estrellas, pero también hay más, lo que pasa es que no me quiero olvidar de ningún nombre porque realmente yo trabajo más con los números en el ordenador que con los nombres.
P. Las vacas madres y los sementales de la ganadería siempre han pastado en la finca Calzadilla de Mendigos y los machos para la lidia en Linejo, ¿se mantiene esa división?
R. Sí, en Calzadilla están las madres y aquí en Linejo están los machos porque les damos una vuelta todos los días, movemos también los toros cuando es la época de moverlos y también porque los tenemos más a mano cuando empezamos a tentar. Yo tengo la costumbre de empezar en febrero o marzo, porque ya los días empiezan a ser un poquito más largos, ya no hace tanto frío, y es cuando empiezo porque luego hay ganaderos que están tentando todo el verano, pero a mí no me gusta.
P. ¿De cuántas madres está conformada la ganadería en la actualidad?
R. Llegué a tener unas 410 y ahora tengo 250 madres.
P. Juan Ignacio, el manejo de los toros en el campo antaño se hacía solo a caballo. Usted es un gran amante de los equinos: ¿Las faenas de campo en Montalvo se siguen haciendo a la antigua usanza?
R. Sí, de toda la vida a caballo. Aquí, aunque tengo perros y crío, no se utiliza ni uno solo para el ganado y aquí todo lo que se hace es a caballo. Los toros no suelen darnos mucha guerra porque los movemos mucho, los cambiamos con mucha frecuencia de un cercado a otro para que no se hagan los jefazos ahí del terreno, pero sí todo se hace a caballo. Yo tengo algunos caprichos que me cuestan dinero, pero que me gusta permitírmelos: uno son los mastines, dos los caballos y tres los cabestros. Tengo vacas dentro del libro genealógico del berrendo en colorao y tengo mis propios cabestros, además mi capricho es tener siempre 18 y los manejamos con el caballo también. La familia Miura, de los que somos muy amigos, me regaló un par de sementales. De hecho, soy íntimo amigo de sus hijos, Toto y Eduardo.
Cuando nací fue mi abuelo Antonio con un saquito y dijo: “Quiero que mi nieto nazca encima de la tierra del Villar”.
P. Es criador, además del toro de lidia, de mastines, cabestros... Todo unido al campo, reforzando ese vínculo tan fuerte que le une con la naturaleza.
R. Yo tengo un vínculo con el campo muy fuerte porque nací aquí en Salamanca. No lo recuerdo, pero me lo contó mi madre muchas veces. Cuando nací fue mi abuelo Antonio con un saquito de tierra del Villar y dijo: “Quiero que mi nieto nazca encima de la tierra del Villar”. Acto seguido puso un saquito de tierra debajo de la cuna. Siempre he estado ligado a esto, de hecho, en mi época profesional privada, a mí me han ofrecido puestos en el extranjero y los desestimé porque eso me obligaba a estar fuera del contacto con el campo, y como yo entiendo que la vida es algo que es efímero y que se pasa pronto, si se puede, hay que optar por aquello que realmente te hace feliz y con lo que estés a gusto. A veces no se puede, pero yo en este caso podía y deseché opciones laborales que le hubiera ganado mucho dinero por quedarme aquí.
P. Los tiempos en el mundo del toro han cambiado mucho. Ahora para los toreros es más complicado hacerse hueco, sobre todo en el cartel de las figuras, pero a los ganaderos les ocurre lo mismo: ¿Cómo ve el presente, pero sobre todo el futuro?
R. La verdad es que ahora la situación ha cambiado mucho, por una razón fundamental: la ley de la oferta y la demanda. Esto siempre es lo que manda en cualquier tipo de mercado y en el mundo del toro también. Lo que hay ahora es muy poca oferta y mucha demanda, con lo cual los ganaderos, en líneas generales, hemos sido muchas veces yunque, pero ahora somos martillo. Con esa circunstancia hay toreros que a lo mejor no le gustaba matar la ganadería “x”, pero ahora tienen que matar la ganadería “x” porque no hay toros. Entonces, están todos los empresarios buscando toros hasta debajo de las piedras y el mes de septiembre tengo la impresión que va a ser un mes bastante complicado por la falta de toros.
P. Hace cinco años que Montalvo no lidia una corrida de toros en la Feria de Salamanca pese a ser unos de los hierros de mayores garantías dentro del elenco ganadero de la provincia: ¿Por qué?
R. A mí me gustaría ser más importante a nivel nacional, lo cierto es que la ganadería de Montalvo ya no está en el top 10, por decirlo en alguna forma, o en el top 7, pero sí que estamos justo, no en el primer escalón en el que están los premium, como puede ser Garcigrande, Domingo Hernández, Victoriano del Río, Jandilla y alguno más que me quede por ahí, pero sí estoy en el siguiente escalón y eso para mí es una satisfacción. Este año he lidiado en Madrid, voy a Zaragoza, he lidiado novillos con Olga casado en Valencia y he ido por segundo año consecutivo a Lima, a Perú, porque la corrida que lidié el año pasado salió francamente bien, entonces este año me han repetido. Por lo tanto, siempre estamos ahí como decía la otra, “en el candelabro”, y hacemos lo que podemos.
P. Madrid siempre ha sido una plaza determinante. Antes cuando un torero o un ganadero triunfaba, indiscutiblemente al año siguiente volvía, pero ahora las cosas han cambiado…
R. Sí, nos pasa a los ganaderos y les pasa a los toreros. Ha habido toreros que han triunfado en Madrid y después han toreado 10 o 15 corridas más. Aquí yo entiendo a los empresarios, ellos tienen que contratar, es decir, ellos se están jugando un dinero en la creación de la constitución de una feria y tienen que mirar a aquellos toreros que más gente puedan llevar. Si es uno que ha triunfado en Madrid, pero que no es muy conocido, pues le va a costar más entrar en una feria. Por eso los empresarios tienen que tirar de los de los toreros a lo mejor ya más maduros, por llamarlo de alguna forma, e ir introduciendo algún torero nobel que haya triunfado, compaginar un poco, pero por ese motivo entiendo que no es fácil confeccionar una feria, también por ese motivo se han ido reduciendo el número de festejos en ferias. La verdad es que cuesta mucho hacer carteles que resulten atractivos. En Cuenca, por ejemplo, este año iba Morante, se dio de baja, y entró Juan Ortega. Estoy convencido que el 95 % no devolvió la entrada porque les da igual quien vaya, no les da igual que vaya Morante o no, pero la gente cuando tiene la inercia de ir, va a la plaza. A lo mejor pueden devolver un número muy pequeño de entradas, pero la gente que tiene pensado ir irá.
P. ¿Considera que los años pasados fueron mejores?
R. Creo que los años son los que tocan. Los pasados fueron en el pasado, los presentes son en el presente y los del futuro, pues no lo puedo adelantar, pero nunca pienso en decir que los tiempos pasados fueron mejores porque los tiempos actuales son los que tocan y hay que vivir el presente. Hace 50 años no se lidiaban los toros en Madrid que se están lidiando ahora. Por eso va evolucionando todo, unas veces a mejor, otras veces a peor y lo que sea peor hay que modificarlo o por lo menos intentarlo, pero cada tiempo tiene su momento.
P. Lidiar en Salamanca tiene un premio mayor, el ‘Toro de Oro’, uno de los reconocimientos más importantes que tiene ahora mismo un ganadero en el panorama taurino. Por llegar al siglo de vida, ¿la ilusión de hacerse con este premio es mayor todavía?
R. Antes era más jugoso porque tenía el baño de oro de verdad, ahora ya no. [Risas]. Para poder optar a ganar un ‘Toro de Oro’, lo fundamental es que la empresa te contrate para que vayas, porque si es un ganadero que lleva 15 años sin lidiar en Salamanca, es complicado ganar este premio. Este año concurrimos cuatro ganaderías, porque la novillada, nunca he sabido por qué, no entra. Entonces, está la ganadería de los Matilla, de Garcigrande, de Domingo Hernández y la mía, porque la de rejones tampoco entra en el premio. Son, por tanto, cuatro ganaderías por seis toros, son 24 en principio los que optan al premio, pues de los 24 que triunfe el que deba triunfar. A mí personalmente me gustaría tener un ‘Toro de Oro’ más y a los otros tres ganaderos exactamente igual. Yo tengo ya cuatro, ¿por qué no voy a querer el quinto? Y más siendo el centenario. Estaría encantado y sería maravilloso, no te voy a mentir.
P. José María Manzanares, Daniel Luque y Borja Jiménez es la terna que va a estoquear la corrida del centenario. Los tres tienen grandes virtudes como toreros y como artistas.
R. Sí, es un cartel que me encanta, me gusta mucho, la verdad. Soy amigo de los tres y me gustaría que triunfaran los tres, porque si triunfan ellos triunfo yo, aunque no me gane el ‘Toro de Oro’.
P. La corrida reseñada para esta cita, según el ganado que aparece en la revista ‘La Mariseca’, tiene nombres muy diferentes: ¿Va muy abierta de familias por los sementales?
R. Van cogidos por buenas reatas. La corrida en general está escogida con mucha ilusión, aunque luego pegue un petardo, pero por lo menos la ilusión no me la quita nadie.
P. Hay un toro de nombre ‘Cortes’, de las familias de Daniel Ruíz más contrastadas y con mejores resultados, ¿tiene esperanzas en ese o en algún otro toro en especial?
R. Nunca apuesto por ninguno y apuesto por todos. Te lo digo porque cada vez que ha dicho este toro va a ser tal, petardo. Con lo cual nunca apuesto por ninguno en concreto.
Pasados los 100 años, alguna decisión, acertada o equivocada, voy a tomar.
P. Cien años de vida en una ganadería es mucho trabajo diario detrás, mucha disciplina y mucha constancia. En su caso, el amor por el toro, por la ganadería, por la naturaleza no falta. Llegados a este punto, ¿qué le queda por hacer como ganadero?
R. La ilusión que tenía, el objetivo y la meta, era llegar a los 100 años. Pasados los 100 años, ya veremos, alguna decisión, acertada o equivocada, no lo sé, pero alguna decisión sí que voy a tomar. De ganadero ahora estamos en un momento más o menos dulce, pero también ha habido momentos de pasar malísimos ratos, de venirte abajo, y llega un momento en el cual, ya con la edad que tengo, merece la pena ir pensando en otras metas diferentes, en poder disfrutar de lo que realmente te satisfaga y realmente te divierta lo que te quede de vida. Estar aquí y estar todo el día con un berrinche detrás de otro, a mí personalmente no me convence. Yo lo tengo muy claro, lo que me quede de vida lo quiero vivir disfrutando de lo que sea, si es en el campo, pues muy bien, que tiene que ser en el campo con vaca limusina, perfecto, que tiene que ser con la ganadería brava, bárbaro, pero sí, llega un momento en el que las metas y el trato con la gente es más selectivo. Yo ya no quiero tener más amigos de los que tengo, tengo muchísimos, conocidos ni lo sé, pero conocer a más gente no me seduce mucho.
P. Para cerrar el ciclo que un día se inició bajo su mando, el día que no esté Juan Ignacio Pérez-Tabernero, ¿qué va a ser de Montalvo?
R. Eso lo voy a solucionar antes de que no esté. No te lo puedo desvelar porque estoy dándole muchas vueltas, si me muero esta noche, pues no me da tiempo. [Risas]. La verdad es que eso es algo que tengo que solucionar y lo solucionaré, en breve, no sé si serán meses o años, pero sé que será en breve.



