Un equipo de investigación dirigido por Jesús García Sánchez (Instituto de Arqueología de Mérida IAM-CSIC-Junta de Extremadura) y José Manuel Costa-García (Universidad de Salamanca) ha hecho un sorprendente hallazgo en el Sasamón, Burgos. Se trata de una cocina romana con más de 2.000 años de historia hallada en la localidad en la que se está llevando a cabo una investigación arqueológica con el fin de estudiar el poblamiento romano en la comarca entre los siglos I y VII d.C.
Durante esta campaña arqueológica, la décima, han hallado una estancia que podría identificarse como una antigua cocina romana. José M. Costa indica que “se ha visto muy afectada por expolios posteriores, pero todavía es posible reconocer los restos de un espacio netamente funcional, un posible horno y numerosos materiales relacionados con la preparación de alimentos”.
Según informa la USAL, los muros de este habitáculo se alzaron en adobe sobre zócalos de piedra y posiblemente estuviesen enlucidos, técnica que ha perdurado en la arquitectura tradicional castellana. Los pavimentos mostraban también una factura sencilla y económica: una capa de arcilla compactada se asentaba sobre una cama de guijarros, lo que garantizaba un uso duradero y una limpieza cómoda.

“Tenemos una imagen un tanto idealizada de las ciudades romanas como espacios monumentalizados, pero rara vez espacios domésticos y productivos nos vamos a encontrar con mosaicos y paredes pintadas”, explica el profesor de la Universidad de Salamanca. Un pequeño escalón delimitaba un espacio más elevado que probablemente sirvió como suelo de un horno hoy prácticamente destruido. Aquí se prendería el fuego cuyos restos han hallado los arqueólogos dos mil años después: un potente nivel de cenizas y carbones en el que han podido recuperarse numerosos materiales.
“Los restos cerámicos recuperados son consistentes con el uso del espacio como cocina”, señala Jesús García, quien resalta la antigüedad, la diversidad y el buen estado general de la vajilla. “Hemos documentado grandes recipientes destinados al almacenaje de alimentos (dolia), así como jarras, cuencos y otros útiles para el procesado de alimentos, como los morteros”. A ellos se unen otras piezas directamente relacionadas con el cocinado: a las modestas ollas podemos sumar sartenes (patera) con recubrimientos antiadherentes, las célebres cerámicas de engobe rojo pompeyano, e incluso fragmentos de un clibanus, un pequeño horno portátil que permitiría hacer pan sobre una superficie refractaria. Algunas de las piezas proceden, sin lugar a dudas, de la península itálica; otras se habrían producido localmente.
El investigador del IAM indica que “en época de Augusto y Tiberio vivían en Segisamo personas cuyas prácticas culinarias eran plenamente romanas, pero esto no significa que todos los habitantes de la ciudad fuesen foráneos, pues algunas de las cerámicas siguen la tradición turmoga”. Esta mezcla de gentes y costumbres seguramente imprimió un carácter particular a los habitantes de la antigua Sasamón. “Es como si estuviésemos viendo la cocina de una abuela turmoga: un poco de lo nuevo; un poco de lo viejo”, bromean los investigadores.
Los investigadores además creen que esa no es la fase de ocupación más antigua del solar por lo que quieren continuar explorando nuevos espacios para entender cómo vivía esta comunidad y cómo la urbe se desarrolló a lo largo de los siglos.

La intervención en La Era, un terreno recientemente cedido por su propietaria, María del Carmen Rodríguez Simón, al Ayuntamiento de Sasamón para su investigación tiene como objetivo principal ahondar en los orígenes de la Sasamón romana.
Desde hace ya una década, Jesús García y José M. Costa han liderado un equipo multidisciplinar de arqueólogos y especialistas de distintas instituciones nacionales e internacionales que cada año regresan a tierras burgalesas. De este modo, el proyecto ha servido no solo como espacio de experimentación científica, sino también como un ámbito privilegiado para la formación de estudiantes y jóvenes profesionales de toda España.



