Un equipo liderado por el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca ha descubierto que las proteínas SOS1 y SOS2 son esenciales para mantener la barrera que protege al organismo frente a las bacterias del intestino.
El estudio, realizado en ratones y publicado en Cell Death & Disease, demuestra que cuando desaparecen ambas proteínas el tejido intestinal se deteriora gravemente. La barrera pierde su capacidad de protección y las bacterias pueden pasar a la sangre, provocando una infección generalizada que resulta mortal en los animales.
Los investigadores comprobaron que los ratones tenían menos células madre intestinales, encargadas de renovar el tejido. Como consecuencia, el intestino perdía capacidad para repararse, se desorganizaba y se volvía más permeable.
El equipo determinó además que primero se produce el daño de la barrera intestinal y después la infección, lo que apunta a que la rotura de esta protección es la que permite a las bacterias alcanzar el torrente sanguíneo.
Regenerar el intestino mejora la supervivencia
Uno de los resultados más destacados llegó cuando los investigadores intentaron estimular la regeneración del intestino.
Para ello utilizaron organoides intestinales sanos, un gel de soporte y factores capaces de favorecer la actividad de las células madre. Las tres estrategias mejoraron el tejido intestinal y prolongaron de forma significativa la supervivencia de los ratones.
Aunque ninguno de los tratamientos consiguió evitar por completo la muerte de los animales, los resultados apuntan a que reforzar la capacidad de regeneración del intestino podría ser una vía de interés para futuras investigaciones.
Un hallazgo relacionado con el cáncer
SOS1 y SOS2 participan en la vía RAS, una ruta molecular alterada en numerosos tumores y sobre la que actúan diferentes tratamientos contra el cáncer.
Por ello, el estudio abre nuevas preguntas sobre cómo estos tratamientos pueden afectar a la capacidad del intestino para mantenerse y regenerarse.
Los investigadores subrayan que los resultados proceden de un modelo animal y no constituyen todavía un tratamiento para la sepsis ni para pacientes humanos.
El trabajo ha sido coordinado por Eugenio Santos y Rósula García-Navas, con Andrea Olarte-San Juan como primera autora, y ha contado con la participación de investigadores del CIBER en cáncer, la Universidad de Santiago de Compostela, el CIMUS y el Instituto de Neurociencias de Castilla y León.



