El Paraninfo de las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca ha comenzado, desde la mañana de este viernes 6 de noviembre, a ver sus inmediaciones repletas de viandantes, trabajadores de seguridad y personalidades cuya atención estaba puesta sobre una figura en concreto: António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas.
Así, desde las 11:00 horas, la llegada de autoridades como los ministros Sira Rego y Félix Bolaños; o António José Seguro, presidente de la República de Portugal han centrado la atención de la ciudadanía.
Una hora más tarde, cuando el reloj marcaba las 12:00 horas de este viernes, ha llegado el momento de la verdad: el comienzo de un solemne acto en el que, además del citado secretario general de las Naciones Unidas, ha estado presente el recuerdo de una personalidad clave en la Universidad de Salamanca: Francisco de Vitoria.
El reconocimiento de António Guterres como doctor ‘honoris causa’ llega unos meses más tarde de que la Universidad de Salamanca concediese, a título póstumo, ese mismo reconocimiento a Francisco de Vitoria. Cinco meses después, el “heredero” de aquel movimiento que nació en el siglo XVI, bautizado como Escuela de Salamanca, se ha sumado a su Claustro de doctores.
En un evento en el que la solemnidad ha brillado de forma constante, y tras haber realizado el reconocimiento como doctor ‘honoris causa’ a António Guterres, ha llegado el momento más esperado: las palabras del secretario general de las Naciones Unidas. Tomando como hilo conductor el ejemplo y la vida de Francisco de Vitoria, Guterres ha pronunciado un discurso lleno de agradecimiento y, sobre todo, responsabilidad social.
“Pensemos en la paz antes, durante y después”
Tras aceptar este reconocimiento “en nombre de las mujeres y los hombres de las Naciones Unidas”; el portugués ha centrado sus palabras en ahondar en los cinco grandes problemas a los que, a su juicio, se enfrenta el mundo actual: la paz, la dignidad, la equidad, la justicia climática y el control de las tecnologías. “La dignidad es también poder comer, curarse, estudiar y trabajar. Para miles de personas es una promesa cumplida”, ha declarado.
En este sentido, el político portugués, a dos meses de terminar su mandato, ha alertado sobre las amenazas que se ciernen sobre las Naciones Unidas, cuya Carta aprobada en 1945 y que ha ayudado a evitar una tercera guerra mundial, “hoy se resquebraja”, debido “al uso ilegal de la fuerza, al rediseño de las fronteras por las armas y a la aplicación por parte de “demasiados” Estados de un “Derecho Internacional a la carta”.
Con esta premisa, llega al discurso uno de los pilares fundamentales: la paz. Con este objetivo en la mira, Guterres no ha dudado en recomendar una actuación basada en la previsión, la actuación y la reparación: “Pensemos en la paz como lo hacía Francisco de Vitoria: antes, durante y después del combate”.
Para desglosar esta reflexión, el secretario general afirma que, en los momentos previos a una guerra, esta se debe intentar evitar por todos los medios; mientras que durante el combate, es imprescindible proteger a los civiles. “El derecho internacional a la humanidad no es opcional, la ayuda debe llegar sin trabas y el hambre jamás debería utilizarse como arma”, ha concluido, añadiendo que, al finalizar una guerra, es imprescindible el afianzamiento de “una solución política inclusiva”.
En cambio, la declaración en pro de la paz no ha quedado así. Guterres no ha perdido la oportunidad de exponer situaciones que, al igual que el hambre, son habitualmente utilizadas como armas durante un conflicto, como el secuestro de periodistas o la violencia sexual.
“Cada tonelada de dióxido de carbono que emitimos hoy la pagarán nuestros nietos”
“Hay que luchar por nuestro planeta sin que los más vulnerables paguen el precio”. Con esta petición, Guterres ha puesto el foco, más adelante, en el cambio climático haciendo así un llamamiento a los gobiernos para presentar un plan creíble para abandonar los combustibles fósiles, “la opción más dañina, la más cara y la menos segura”.
“Cada tonelada de dióxido de carbono que emitimos hoy la pagarán nuestros nietos. La Corte Internacional de Justicia ha sido unánime e inequívoca: los Estados tienen la obligación de proteger el sistema climático, e incumplirla puede entrañar su responsabilidad internacional”, ha explicado, incitando a los estados a cumplir con la obligación de proteger el sistema climático.
Para finalizar su intervención, además de advertir sobre el peligro de llegar también tarde a la regularización de los avances tecnológicos, ha defendido “una gobernanza universal con normas comunes y una supervisión creíble e independiente” en la que los países en desarrollo cuenten con las capacidades necesarias para orientar esta revolución y beneficiarse de sus avances.
“Lo que decíamos ayer lo seguiremos diciendo mañana”
Ante estas cinco pruebas, que en el fondo buscan “someter la fuerza al derecho y el poder al bien común”, el secretario general de la ONU ha defendido finalmente la idea de la “multipolaridad”, que en su día defendió Francisco de Vitoria llamándola “totus orbis”: “El mundo tendrá que funcionar en red, unido por el derecho internacional y por instituciones en las que todos los países tengan voz”, ha concluido, para después hacer referencia a Francisco de Vitoria versionando una de sus célebres declaraciones: “Lo que decíamos ayer lo seguiremos diciendo mañana”.
Universidades como “espacios multilaterales”
Entre fuertes aplausos, António Guterres ha finalizado su intervención resaltando el valor de las universidades como espacios donde aprender a dudar, a verificar y a debatir: “Protejamos, pues, la libertad académica y la independencia de la investigación”.
Este papel universitario también ha sido resaltado por Juan Manuel Corchado, rector de la Universidad de Salamanca, quien ha definido a las universidades como “espacios multilaterales”, donde “los desacuerdos se resuelven con argumentos”. Además, Corchado ha resaltado en su discurso la vigencia del pensamiento de la Escuela de Salamanca, cuando se cumplen cinco siglos desde que el dominico Francisco de Vitoria ocupara en 1526 la cátedra de Prima de Teología en la Universidad de Salamanca.




