La enfermedad de Newcastle, que afecta a todas las aves, está cobrando un especial protagonismo en los últimos días en todo el país, pero sobre todo en Castilla y León, donde se han activado todas las alarmas tras los focos detectados en Valladolid durante este mes de junio. Según la Red de Alerta Sanitaria Veterinaria de España (RASVE) ya se han confirmado cinco focos después del primero del día 15 en el municipio de Aldea de San Miguel; tras él se han detectado otros cuatro con fecha de confirmación del día 19 de junio en La Pedraja de Portillo dos y en Íscar y Montemayor de Pililla los otros.
El primero de los focos en Aldea de San Miguel se detectó en una granja de broilers, que, según informaciones aportadas por el Ministerio de Agricultura, tenía unos 24.000 pollos y “no se encontraba vacunada frente a la enfermedad”.
Las muestras tomadas por parte de los Servicios Veterinarios Oficiales de la Junta de Castilla y León se remitieron al Laboratorio Central de Veterinaria de Algete, donde se confirmó por PCR la presencia del virus, igual que en los siguientes focos notificados. Luego se confirmaron los otros focos también en pueblos de Valladolid, en granjas de gallinas ponedoras y de pollos de engorde que, según las autoridades, “son secundarios” por proximidad geográfica al primer foco detectado.

Recientemente fue en diciembre del año pasado cuando reapareció esta enfermedad en una explotación de broilers en la comarca de Vall d’Albaida, en Valencia, siendo este el primer foco detectado en aves de corral en España desde junio de 2022.
Desde enero de este 2026 se han ido sumando más focos, aunque todo ellos dentro de la Comarca de Valencia, por lo que estos casos de Valladolid son los primeros de Castilla y León y al parecer no guardan relación epidemiológica con los de Valencia.
Medidas para la lucha contra la enfermedad
A partir de su notificación, la preocupación y los interrogantes sobre esta enfermedad no han dejado de aumentar en las últimas semanas, sobre todo porque al igual que en el caso de gripe aviar, en las explotaciones que se confirmen como afectadas hay que sacrificar a todas las aves que se encuentren en la instalación y destruir los cadáveres, lo que supone un gran desequilibrio económico, con muchas pérdidas para los ganaderos afectados. Sin embargo, hay un matiz: “No será preciso sacrificar los animales que estando presentes en la explotación pertenezcan a otras especies no aviares, pero deberán permanecer inmovilizados hasta que, tras la realización de los análisis serológicos, se demuestre la ausencia de enfermedad”.
Ahora hay una serie de medidas que hay que cumplir y que involucran directamente a otras ganaderías avícolas de proximidad.
Tras confirmarse los focos de Newcastle en Valladolid, los Servicios Veterinarios Oficiales han adoptado las siguientes medidas: inmovilización inmediata de las granjas afectadas desde la fecha de sospecha; realizar una encuesta epidemiológica con objeto de conocer el posible origen y granjas en riesgo por movimientos de personas y vehículos; el vacío sanitario de las granjas confirmadas y la destrucción de cadáveres, pienso y materiales que pudieran estar contaminados y propagar el virus; limpiar y desinfectar toda la explotación y localizar los productos comercializados de huevos y carne producidos en el periodo de incubación de la enfermedad; también establecer zonas de restricción alrededor de los focos, una zona de protección con un radio mínimo de 3 km alrededor de la explotación afectada y zona de vigilancia de un radio mínimo de 10 km alrededor de la anterior.

En las zonas afectadas se aplicarán medidas de restricción de movimientos de personas, vehículos, aves de corral, otras aves cautivas, canales, huevos y otros de sus productos y subproductos, así como una vigilancia intensificada de las explotaciones presentes. Igualmente, se prohibirán las concentraciones de aves, así como el transporte y la comercialización de los productos procedentes de los animales de la explotación afectada o que hayan estado en contacto con ellos y que sean susceptibles de transmitir la enfermedad entre el periodo de la introducción del virus en la explotación y la adopción de las medidas oficiales. También se deberán someter a vigilancia las aves nacidas de los huevos que se hayan incubado durante el periodo de incubación de la enfermedad.
En cuanto a las medidas de bioseguridad, habrá que limitar al máximo la entrada de personas ajenas a la explotación; evitar por parte de los ganaderos las visitas a otras explotaciones avícolas; disponer de vestuario y calzado para ser utilizado exclusivamente dentro de la explotación a parte de la desinfección del lugar donde han estado las aves afectadas. Habrá que minimizar el contacto directo de las aves domésticas con las aves silvestres manteniéndolas en el interior de las instalaciones de la propia explotación; el pienso deberá ser almacenado en depósitos estancos, protegido del acceso de aves y roedores, así como cualquier utensilio o material que se vaya a poner en contacto con las aves domésticas.
A mayores, desde el MAPA se recomienda reforzar la vigilancia tanto en granjas avícolas como en aves silvestres, ya que estas también pueden actuar como portadores.
Hay que notificar de inmediato a los servicios veterinarios oficiales cualquier sospecha de enfermedad, así como reforzar las medidas de bioseguridad especialmente aquellas destinadas a evitar el contacto con las aves silvestres, incluyendo las medidas de profilaxis sanitaria y aplicar la vacunación, ya que, según dictan fuentes de Agricultura, “aunque la vacuna no proteja al 100%, sí que reduce el riesgo de que las aves se infecten y la cantidad de virus excretado en las aves vacunadas e infectadas, por lo que limita el riesgo de diseminación del virus a nuevas granjas”.

Sintomatología y contagio
El virus causante de la enfermedad de Newcastle es el paramixovirus aviar tipo 1 “excretado durante el período de incubación, durante la enfermedad clínica y por un período limitado durante la convalecencia, presente en el aire exalado, en descargas respiratorias, heces, huevos y aves muertas en la fase de viremia”. Por lo tanto, una vez introducido el virus dentro de una explotación, el contagio entre los animales se produce principalmente por inhalación de aerosoles o por la ingesta de las heces.
Entre los indicadores que deben ser considerados como sospecha de la presencia de Newcastle destacan el aumento de la morbilidad y mortalidad, o una caída significativa de los datos de producción; también los huevos deformados, con cáscara rugosa y fina y que contengan albúmina acuosa.
El periodo de incubación es breve, entre 2 y 12 días.
Repoblación de aves en explotaciones sacrificadas
La repoblación de aves en las explotaciones donde se ha llevado a cabo un vacío sanitario sí es posible, aunque se tienen que cumplir una serie de normas: que se haya concluido el periodo de seguimiento de 21 días desde que finaliza la limpieza y desinfección final y se demuestre que las aves introducidas en la explotación no se han infectado con el virus de la enfermedad de Newcastle; y siempre que la limpieza, desinfección final y el control de insectos y roedores se hayan realizado correctamente.
No obstante, desde el Ministerio se indica que hay que seguir un procedimiento para demostrar la ausencia del virus en las explotaciones vaciadas:
- Antes de que se introduzca cualquier ave o ave centinela en las explotaciones o establecimientos en los que la presencia de la enfermedad haya sido confirmada oficialmente, y durante dicha introducción, las aves de corral de todas las explotaciones ubicadas en las zonas de protección y vigilancia establecidas alrededor de las explotaciones en cuestión, deberán someterse a una inspección clínica para excluir cualquier sospecha de enfermedad de Newcastle.
- Las aves o aves centinela que se introduzcan en las explotaciones y establecimientos deberán ser sensibles a la enfermedad de Newcastle; no procederán de un establecimiento objeto de restricciones; deberán haber resultado seronegativas respecto de la enfermedad de Newcastle dentro de los 14 días anteriores a su introducción en las explotaciones y establecimientos; y en el caso de los pollitos de un día, la autoridad competente podrá decidir no realizar el muestreo para examen de laboratorio.
- Las aves deberán tener acceso permanente y contacto con una amplia superficie de la explotación.
- En las explotaciones y establecimientos se introducirá un número de aves equivalente como mínimo al 1% (con un mínimo de 10 animales) de la carga ganadera habitual de la explotación, repartidas de forma equilibrada.
- Los Veterinarios Oficiales realizarán al menos una visita al establecimiento afectado el último día del periodo de seguimiento establecido para la enfermedad (21 días), calculado a partir de la fecha en la que los animales se introdujeron en el establecimiento y, en cualquier caso, antes de que hayan transcurrido 30 días desde dicha fecha realizando, al menos una comprobación de la documentación, incluidos análisis de los documentos de producción, sanidad y trazabilidad; un examen clínico de los animales en cautividad de especies de la lista; y una recogida de muestras de animales para examen virológico o serológico con el fin de confirmar o descartar la presencia de la enfermedad de Newcastle.
Programa de vigilancia vigente
Para frenar el avance de la enfermedad y tener un mayor control, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación publicó hace un año el ‘Programa de Vigilancia de la Enfermedad de Newcastle en España 2026’, cuyos objetivos son: la detección precoz de la circulación del virus en explotaciones de aves de corral mediante la vigilancia pasiva; y demostrar la ausencia de la enfermedad en aves domésticas a través de la inclusión de un componente de vigilancia activa basado en el centinelaje de aves domésticas.
En este documento figura que, a fecha de mayo de 2025, en Castilla y León se contabilizaron un total de 525 explotaciones aviares entre camperas, pavos, patos, gansos y broilers.




