El 81,9 por ciento de los estudiantes de Castilla y León ya tiene teléfono móvil propio, una cifra que roza el 91 por ciento en Educación Secundaria, con una edad media de acceso fijada en los 10,85 años. Entre quienes admiten haber consumido contenidos pornográficos, la edad media de primer acceso se sitúa en tan solo 11,6 años, en un entorno donde el 92,2 por ciento de los adolescentes utiliza redes sociales y solo la mitad de las familias fija límites de tiempo o contenidos.
Esta exposición temprana convive con otros riesgos digitales como el ciberacoso, sufrido por el 4,4 %, las apuestas en línea, 10,6 %, y el uso problemático de pantallas o videojuegos. Todo ello repercute en la salud mental de los menores: aunque evalúan su satisfacción con la vida con un 7,8 sobre diez, un 12,4 por ciento presenta síntomas de ansiedad, un 12,2 de depresión y un 7,4 por ciento un riesgo suicida elevado, con mayor incidencia en las chicas.
Ante esta realidad, se reclama una responsabilidad compartida entre familias, colegios, administraciones y tecnológicas para garantizar un acompañamiento adecuado. Los expertos urgen a implantar sistemas eficaces de verificación de edad, evitando que basten simples botones de confirmación, para lograr que la tecnología proteja y sirva al bienestar de la infancia.



