Desde que dos activistas del clima arrojaron sopa de tomate sobre ‘Los girasoles’, de Van Gogh, el pasado 14 de octubre, diversas obras de arte han sufrido una suerte similar: un par de jóvenes se pegaron a los marcos de ‘La maja desnuda’ y ‘La maja vestida’ en el Museo del Prado; el cuadro de ‘Les Meules’, de Monet, fue atacado con una sustancia viscosa y amarillenta; y, más recientemente, dos hombres que protestaban contra los combustibles fósiles lanzaron un líquido negro a ‘Muerte y vida’, de Gustav Klimt. Estos actos vandálicos han despertado el rechazo de gran parte de la sociedad y de museos de todo el mundo, incluidos los de Salamanca.
“Están jugando con fuego y en cualquier momento va a suceder una desgracia, porque dicen, por ejemplo, que se aseguran de que las obras estén protegidas con un vidrio, pero más pronto que tarde habrá un fallo, como que el cristal protector se rompa y rasgue el lienzo”, mantiene Alberto Bescós, director del Museo de Salamanca. El primer daño lo han sufrido los marcos de los cuadros de ‘Las Majas’, con más de un siglo de antigüedad, ya que “tienen ligeros desperfectos”, según ha señalado el propio Museo del Prado.
“Me parece un desprecio a las misiones de protección de los demás, como si la única causa justa fuera la suya -la ecologista- y todas las demás tuvieran que apartarse. Es crear escándalo y provocar. Aparte, que los centros culturales, en principio, están a favor de una reivindicación de mejora del medio ambiente, pero están creando un malestar hacia ellos. No creo que esto ayude a su causa”, continúa diciendo Bescós ante la oleada de actos vandálicos contra obras de arte en todo el mundo.
¿Se pueden evitar los actos vandálicos en los museos?
Muchas personas no entienden cómo es posible que alguien llegue a vandalizar una obra expuesta en un museo con tantas medidas de seguridad o que pueda ingresar al mismo con líquidos cuando están prohibidos, pero lo cierto es que, tal y como indica el director del Museo de Salamanca, no es algo tan fácil de prevenir: “Tenemos a los vigilantes, que pueden intentar actuar en caso de extrema emergencia, pero ¿qué plan puedes tener? Si te fijas en las grabaciones que hay por ahí, los guardas de seguridad no intervienen, porque no van a ponerse a pelear con un energúmeno al lado de Las meninas”.
Una vez cometido el acto vandálico, “tenemos personal para intervenir inmediatamente. Eso es lo que podríamos hacer, detener al agresor y aplicar inmediatamente un tratamiento. Aparte de avisar a todo el mundo y hacer toda una serie de trámites”, añade. Esos trámites pasan también por avisar a los propietarios de las obras y en restaurar las mismas en caso de ser necesario: “La Junta puso a nuestra disposición una restauradora de arqueología y una restauradora de pintura y escultura”.
Protocolo de seguridad en los museos de Salamanca

Todos los museos del mundo tienen sus propios protocolos de seguridad y los de Salamanca no son ninguna excepción. De entrada, no se puede acceder con comida, bebida, objetos punzantes ni con bolsas voluminosas. "Procuramos que los paquetes que pueden representar un peligro no entren", mantiene Bescós, para el que, haya las normas que haya, "se debe hacer caso siempre al vigilante".
Por su parte, el DA2 ha informado a SALAMANCA24HORAS que incluye control de acceso, videovigilancia en las salas, auxiliares de salas y un seguro de todas las obras de arte “de clavo en clavo”. Así es como se conoce el seguro a todo riesgo que cubre las obras durante su transporte, embalaje, desembalaje, manipulación o instalación, por lo que las protege de siniestros tales como actos vandálicos.
Afortunadamente, parece que "no hay ánimo directo de dañar las obras de arte aunque se están aproximando mucho y en cualquier momento puede haber un accidente", mantiene el presidente del Museo de Salamanca. Por miedo a esto último, es posible que "se incremente un montón el coste de conservación de los museos".
El Museo de Salamanca no se plantea tomar ninguna medida por el momento, y eso que la mayoría de las piezas expuestas están sin protección: "Hay algunos óleos que sí que están protegidos por vidrios, pero la verdad es que pocos y no necesariamente los más importantes". "Los ladrones no suelen acceder a los museos y cuando se trata de cuestiones políticas, saben que como dañen una obra se meten en un problema. Entonces, se cortan un poco", concluye Bescós.




