Así, la convivencia en el vestuario con el respeto entre todos se hace inevitable, aunque este año apenas haya que hacer hincapié sobre ello debido a un buen grupo humano. Pero esto no es lo único. La solidaridad dentro y fuera del campo es algo que también se trata de enseñar para que, en un futuro, lo puedan llevar más allá de los límites del terreno de juego. El respeto a todo el mundo, incluidos los rivales y árbitros en un tiempo en el que esto parece tambalearse, es otro de los valores que, en el poco tiempo que pasan en el Justo Sánchez Paraíso, se busca que adquieran. Seguro que, poco a poco, en una temporada tan larga, todos los resultados irán llegando.