El Guijuelo perdió por 2-1 en casa del Racing Villalbés y se mostró como un equipo incapaz en ataque. Los guijuelenses no supieron manejar el duelo en la media hora final, con dos jugadores más sobre el campo, y acabaron completamente desquiciados.
Los chacineros saltaron al césped con Rabanillo en la portería; Pica, Cedenilla, Asiel y Parga en la zaga; Willy, Diego González y Toti en la medular; y Alberto Bernardo, Garban y Juan Antonio en ataque.
Los locales se adelantaron a los ocho minutos tras un grave error de la defensa guijuelense, que entregó la pelota a Álex Pérez y este encaró a Rabanillo para batirle de disparo cruzado.
El final de la primera mitad fue una montaña rusa. En el minuto 40, Juan Antonio estrenaba su casillero de goles para cazar un rechace dentro del área y poner el 1-1 en el marcador.
Montes entraba por Cedenilla y Pica actuaba como lateral izquierdo. El defensa chacinero impactaba un balón contra su portería, en un centro lateral, y el Racing Villalbés volvía a ponerse con ventaja (2-1). Y, en la última jugada de la primera parte, el local David Vélez era expulsado por roja directa.
Tras el paso por los vestuarios, y transcurridos quince minutos de la reanudación, Mario Sánchez entendió cómo debía afrontar la media hora final. Dejó defensa de tres, con Montes y Xabi en los carriles, y formó con Juan Antonio e Ibra Dieng como delanteros.
El propio Ibra Dieng tuvo el empate a dos en un mano a mano en el que se marchó por velocidad y, en la jugada de ese córner, el colegiado decretó penalti y expulsión de un futbolista gallego.
El Guijuelo jugaría contra nueve y tenía un penalti a favor. Pero Toti mandaba la pelota alta desde el punto fatídico.
Con dos más en el terreno de juego, el Guijuelo mostró su versión más imprecisa y precipitada. Incluso rehusó colocar un central de delantero en el tramo final para cargar el área junto a Ibra y Juan Antonio, a pesar de que el Racing Villalbés ni siquiera tenía una referencia ofensiva.
Los gallegos estuvieron a punto de hacer el tercero en un remate en propia portería, que dio en el palo, en Rabanillo y se fue fuera por poco.
El pitido final dejó a un Guijuelo desesperado en el campo, quizá consigo mismo, y que se vuelve de vacío en tierras gallegas.




