Las altas temperaturas de estas semanas finales del mes de mayo han disparado la actividad de algunos insectos como las cucarachas, que ahora se dejan ver con mayor frecuencia, sobre todo a partir del atardecer con el descenso de los termómetros.
Su aparición, sin embargo, no es casual, aunque este año su presencia en Salamanca se haya anticipado: “El clima y las temperaturas más elevadas favorecen su proliferación, hace que comience esta parte del ciclo de su vida que es la reproducción; la eclosión de la vida primaveral”, explica Félix Torres, profesor de zoología de la Universidad de Salamanca.
El principal motivo de su actividad en estas fechas no es otro que la búsqueda de pareja. “Ahora mismo hay una explosión de nuevas cucarachas que buscan pareja para intentar reproducirse y continuar con el ciclo que suele durar un año desde que sale el huevo hasta que ese individuo alcanza la edad adulta”.
Hasta que son adultos, las cucarachas al igual que las mantis religiosas o los dermápteros, conocidos vulgarmente como tijeretas, permanecen en estado ninfal hasta que son adultos y desarrollan las alas y la maduración de sus órganos reproductores, momento en el que están preparados, como sucede ahora, para buscar pareja y tener cópulas que den lugar a una nueva generación de cucarachas.
Este profesor de la USAL detalla que las hembras ponen los huevos en unas estructuras semejantes a un estuche que se llaman ootecas, donde pueden depositar entre 15 y 18 huevos repartiéndolos por diferentes lugares. Dependiendo de la especie, la hembra puede llevar la ooteca adherida a su abdomen hasta que eclosione o dejarlas escondidas por diferentes lugares.

A lo largo de su vida, una hembra puede producir múltiples ootecas llegando a superar el centenar en algunos casos; una vez que cumplen con su cometido de dar vida a una gran prole de nuevas cucarachas, mueren. De hecho, una adulta puede llegar a vivir aproximadamente un año.








