Durante años, el tratamiento del cáncer se ha asociado casi exclusivamente a la quimioterapia, la radioterapia, la cirugía o los tratamientos farmacológicos. Sin embargo, la evidencia científica está demostrando que existe otra herramienta capaz de mejorar la calidad de vida de los pacientes y complementar los tratamientos médicos y es el ejercicio físico.

Todo empezó con un grupo de mujeres que, tras participar en un programa de ejercicio físico durante su tratamiento contra el cáncer de mama, no querían dejar de entrenar. Se encontraban mejor, tenían más fuerza y afrontaban el día a día de otra manera. Aquella experiencia fue el punto de partida de un proyecto mucho más ambicioso que hoy se convierte en realidad con la creación de la Cátedra ÉFESO en Salamanca.
Detrás de esta iniciativa está Gema Barrientos Vicho, profesora e investigadora del Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), quien lleva años estudiando cómo el ejercicio físico puede convertirse en un aliado para las personas con cáncer. Junto a su equipo puso en marcha 'aMÁMAte', un estudio piloto de doce semanas dirigido a mujeres con cáncer de mama. Los resultados fueron más allá de lo esperado.

"Observamos beneficios muy importantes en la calidad de vida, pero también en biomarcadores tumorales y otros parámetros bioquímicos. Nos dimos cuenta de que era algo que realmente funcionaba", explica Barrientos. Sin embargo, lo que más les llamó la atención fue la respuesta de las propias participantes manifiesta que "cuando terminó el programa, ellas querían continuar porque se encontraban mucho mejor. Ahí vimos que no podía quedarse solo en un estudio y que había que darle continuidad".
Así nació la Cátedra ÉFESO, un proyecto impulsado por la Universidad Pontificia de Salamanca y Pfizer que también cuenta con la colaboración del Hospital Universitario de Salamanca, la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) y el Ayuntamiento de Salamanca. Su finalidad es convertir el ejercicio físico en una herramienta más para mejorar la salud y la calidad de vida de los pacientes oncológicos.
Pero la cátedra no nace únicamente para organizar programas de entrenamiento. Su objetivo es mucho más amplio. Pretende convertirse en un espacio de referencia en investigación, formación y divulgación sobre ejercicio físico oncológico, reuniendo a profesionales de distintas disciplinas como medicina, enfermería, fisioterapia, nutrición, psicología y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte para ofrecer una atención integral a los pacientes.
"Queremos transferir todo el conocimiento que estamos generando en la universidad directamente a la sociedad", explica la investigadora. Para ello, además de los programas de ejercicio, se organizarán charlas, jornadas, actividades divulgativas y cursos específicos dirigidos tanto a profesionales sanitarios como a especialistas del ámbito deportivo que quieran formarse en ejercicio físico aplicado al cáncer.
Uno de los aspectos que diferencia esta iniciativa de otras similares es que los programas estarán abiertos de forma continuada. No se trabajará con un único grupo fijo de pacientes, sino que habrá una entrada y salida constante de participantes para que el mayor número posible de personas pueda beneficiarse del servicio.
¿Cuándo comenzará y como estará organizada la cátedra?
La previsión es comenzar a mediados del mes de septiembre. Cada programa tendrá una duración aproximada de entre diez y doce semanas y estará formado por grupos reducidos de unas ocho personas. Durante este primer año se espera atender entre 40 y 50 pacientes por programa y desarrollar hasta tres ediciones anuales.
Antes de empezar, cada participante realizará una entrevista personal y una valoración física completa. A partir de esa información se diseñará un entrenamiento totalmente individualizado. "Cada paciente llega en una fase distinta del tratamiento y con unas necesidades diferentes. Adaptamos el ejercicio desde el primer día y también durante cada sesión, porque hay jornadas en las que una persona puede encontrarse mejor que otras", manifiesta Barrientos.
Los entrenamientos combinarán ejercicios de fuerza y trabajo cardiovascular, ya que la evidencia científica demuestra que ambos ofrecen importantes beneficios cuando se aplican de manera conjunta y bajo supervisión profesional.
Un entrenamiento adaptado a cada caso
Tal y como declara Barrientos los pacientes accederán al programa derivados por el Servicio de Oncología del Hospital Universitario de Salamanca. Será el propio equipo médico quien valore qué personas pueden participar y remita un informe previo. Posteriormente, el equipo de la cátedra completará la valoración física para adaptar el entrenamiento a las características de cada paciente. Las sesiones se desarrollarán tanto en instalaciones de la Universidad Pontificia como en espacios deportivos facilitados por el Ayuntamiento de Salamanca.
La investigación desarrollada en los últimos años demuestra que el ejercicio físico puede aportar beneficios antes, durante y después del cáncer. Según explica Barrientos, practicar actividad física reduce el riesgo de desarrollar algunos tipos de tumores y, una vez diagnosticada la enfermedad, mejora la respuesta a los tratamientos, aumenta su eficacia y ayuda a disminuir numerosos efectos secundarios.
"La fatiga, el dolor, la pérdida de masa muscular, la cardiotoxicidad, el deterioro cognitivo o algunas alteraciones metabólicas pueden reducirse gracias a un programa de ejercicio bien planificado", señala. Incluso una vez finalizado el tratamiento, la actividad física continúa siendo beneficiosa, ya que ayuda a la recuperación, disminuye algunas secuelas a largo plazo y puede contribuir a reducir el riesgo de recaída.
Desde la Asociación Española Contra el Cáncer destacan que el ejercicio físico ya forma parte de la cartera de servicios que ofrecen a los pacientes precisamente por los beneficios que ha demostrado aportar. Explican que ayuda a aliviar parte de los efectos secundarios de los tratamientos y que incluso se está utilizando antes de algunas intervenciones quirúrgicas porque favorece una mejor recuperación posterior "todo gira en torno al paciente y a mejorar su calidad de vida", señalan desde la entidad.
A pesar de los avances científicos, Gema Barrientos considera que todavía existe un importante desconocimiento sobre el papel que puede desempeñar el ejercicio físico en oncología. Por ello, uno de los retos de la cátedra será formar a profesionales sanitarios y dar a conocer toda la evidencia científica existente.
La profesora e investigadora de la UPSA va más allá. Cree que, en un futuro, el ejercicio físico debería formar parte de la práctica clínica habitual y comenzar a recomendarse desde Atención Primaria "ya se está trabajando a nivel internacional con la llamada receta deportiva. Igual que hoy se aconsejan determinados hábitos saludables, el ejercicio debería prescribirse porque sabemos que ayuda a prevenir enfermedades y mejora la calidad de vida de quienes ya las padecen", finaliza.




