Guijuelo hizo historia televisiva en 1996 al convertirse en el primer municipio de la provincia en ganar el Grand Prix. Lo consiguió, además, en la final del programa que más número de espectadores ha congregado frente a la gran pantalla: 3.877.000 personas, lo que equivale a un 36,6% de share, algo difícil de alcanzar a día de hoy. Casi treinta años más tarde, el nombre de Salamanca ha estado presente en otro hito relacionado con el formato presentado por Ramón García: Héctor, de Garrido, se ha convertido en uno de los vecinos del único pueblo digital de España que ha competido en las divertidas pruebas del concurso.

Se trata de Villa Milenial, ubicada en la provincia de Internet y materializada gracias a la insistencia de @nostalgiamilenial, la famosa cuenta de Instagram que publica contenido relacionado con los años noventa y principios de los dos mil para deleite de todos aquellos que han vivido su infancia y juventud en esa época. Héctor fue uno de los elegidos para convertirse en vecino del pueblo digital durante un día y así poder participar en el Grand Prix y vivir una de las mejores experiencias de su vida, tal y como ha relatado a Salamanca24horas. Y aunque su andadura y la de sus compañeros no se emitirá en televisión, en Internet se pueden ver fragmentos de cómo ha sido su paso por el plató del programa. No han faltado las risas ni los porrazos: "Es prácticamente imposible hacer una prueba sin caerte".
¿Cómo conseguiste convertirte en uno de los ‘vecinos’ de Villamilenial de Abajo?
Todo empezó con una publicación de Instagram de @nostalgiamilenial en la que explicaba que había conseguido que la organización del Grand Prix invitara a un pequeño grupo, en representación de la comunidad digital, a probar las instalaciones del programa de este año antes que nadie. Y yo, que me apunto a un bombardeo, le dije a mi amiga Rebeca -guionista y también salmantina-, que necesitaba cuanto antes que me grabara un vídeo de presentación llamativo para cumplir ese sueño y ser uno de los pocos afortunados.
Dicho y hecho, se puso manos a la obra y basó el argumento del vídeo en el deseo que he tenido siempre de tener pueblo -ser de Salamanca mola, pero de pueblo aún más-, y en mi destreza para superar las pruebas del Grand Prix. Y yo que cada vez tengo menos vergüenza -en enero participé en la 'Ruleta de la Suerte'-, me lancé a la calle a hacer el chorra y eso se materializó en un divertido vídeo que fue mi pase para que me seleccionaran como uno de los integrantes de 'Villamilenial de Abajo'. Podía haber sido de 'Villamilenial de Arriba', pero el reparto fue aleatorio.
¿Cómo ha sido la experiencia en el Grand Prix?
Una de las mejores de mi vida, simplemente increíble. Mi sueño desde pequeño era participar en este programa, que me ha acompañado durante tantos veranos de mi infancia. Pero si ya es complicado ser seleccionado como concursante de uno de los pueblos elegidos, más aún si no perteneces a uno.
Y prácticamente de un día para otro me vi esperando a que Asun -una de las árbitros del concurso-, me diera la señal de salida para saltar los troncos locos. Vivir una experiencia así te marca y cumplir tus sueños aún más, a día de hoy sigo digiriendo todo lo vivido.
¿Lograsteis ganar a Villamilenial de Arriba?
Estuvo muy reñido, pero finalmente ganamos por unos pocos puntos de diferencia. El sentimiento de equipo y el vínculo que desarrollamos hizo que cualquier atisbo de rivalidad desapareciera. Al final a todos nos unía un mismo sentimiento: la emoción de estar cumpliendo nuestro sueño de la infancia. No podíamos creerlo. De hecho, acabamos animando a los contrincantes y sufriendo por sus caídas, fue una pasada.

“Los troncos locos, mi particular Vietnam”… ¿La prueba es aún más dura de lo que se ve en televisión?
Sí, sin ninguna duda. Además fui el primero de mi equipo en saltarlos y estaba bastante nervioso. Después de la locura del día y del terremoto de emociones, tengo una imagen muy clara de mí mismo esperando a que Asun me diera la señal para comenzar la prueba. Recuerdo esos eternos segundos en los que tenía la estructura a escasos centímetros y pensaba: ¿quién me iba a decir a mí hace unos días que estaba a punto de saltar los troncos locos? Con la de veces que había soñado de niño con verme ahí. Pues mi momento llegó y no podía pensar en otra cosa que en mi perrete Conan, -mi motor en la vida- y en que no había vuelta atrás. O saltaba, o saltaba. Y aunque lo intenté en dos ocasiones, resbalaban muchísimo y no paraban de girar, así que acabé en el agua. Eso sí, sin magulladuras.
¿Qué hay del resto de pruebas?
Yo participé en los troncos y en 'Tiro al Pingüi-Pato', que consiste en cruzar disfrazado de pingüino o pato, -en mi caso de pingüino- una cinta transportadora a toda velocidad y evitar ser golpeado por las bolas que lanzaban dos componentes del equipo rival. A todo esto hay que sumarle que te atan con una cinta, algo elástica, los tobillos para tener mínima movilidad e ir corriendo literalmente como un 'pingüi-pato'.
Esta prueba fue bastante exigente porque te obligaba a hacer un sprint enfundado en un traje y con la movilidad reducida. Aún así logré cruzar una vez, ya que a la siguiente no me libré de los bolazos y acabé haciendo la croqueta en las colchonetas de seguridad.
Me quedó la espinita clavada de jugar a la 'Patata caliente', una de las pruebas más míticas, y marcarme un Chiquito de la Calzada viendo cómo el globo va hinchándose hasta prácticamente desaparecer detrás de él.
¿Ha habido muchas caídas y ‘tortazos’?
Muchas, muchas. Es prácticamente imposible hacer una prueba sin caerte, pero ahí está la gracia. Diría que es un poco la esencia del programa, disfrutar y comentar los guarrazos que se pegan los concursantes, incluso siendo tú uno de ellos te partes de risa... De hecho acabas entrando en un bucle de caídas, cansancio y carcajadas del que es complicado recomponerse y conseguir superar la prueba. Aún así no quieres parar, es adictivo.
¿Con qué momento te quedas de tu participación en el Grand Prix?
Es muy difícil quedarme con solo uno, pero si tuviera que elegir sería el momento de entrar a plató todos juntos cantando y saltando con la sintonía del programa a todo volumen. Solo te diré que a más de uno se nos escapó una lagrimilla. Se me siguen poniendo los pelos de punta.
Imagino que ha habido muy buen ambiente entre los integrantes de Villamilenial.
Así es, se respiró muy buen rollo y muchísima energía positiva por parte de todos de principio a fin, incluso entre la gente del equipo. Éramos una piña, no había ningún tipo de rivalidad, solo ganas de disfrutar a tope y la ilusión de pasar uno de los mejores días de nuestra vida y puedo asegurar que así fue.
¿Te gustaría volver al Grand Prix representando a algún pueblo de Salamanca?
Por supuesto, mañana mismo si pudiera. Más que a un pueblo, me haría especial ilusión representar al barrio que me vio crecer, y que ha contribuido tanto en mi forma de ser, Garrido. Aunque si tuviera que elegir un pueblo, sería alguno que forme parte de la Sierra de Francia, me encanta esa zona: La Alberca, Mogarraz, Miranda del Castañar...




