Si hay un lugar en la provincia de Salamanca que destaque por su espíritu de acogida, su apuesta por dar oportunidades y educación a menores procedentes de otros países es Armenteros. Allí, el Colegio ‘La Inmaculada’, fundado por el sacerdote Juan Trujillano en 1953 para escolarizar a niños en riesgo de exclusión social, ha acogido durante décadas a menores en régimen de internado, primero a hijos de campesinos y obreros y después a niños inmigrantes procedentes de Latinoamérica y África en su mayoría que convivían con los muchos alumnos de la comarca que cursaban allí sus estudios. Hasta 800 escolares llegó a tener el centro en sus mejores tiempos, siendo ejemplo de inclusión e interculturalidad. Tras la muerte del padre Juan hace 13 años, Armenteros ha bajado el ritmo, incluso ha estado a punto de desaparecer, pero todavía sigue abierto y dispuesto a seguir acogiendo a menores que necesiten un techo.

Ahora, con la crisis migratoria de Ceuta en el candelero y la posibilidad de que las comunidades autónomas reciban menores migrantes, el centro se ofrece para acoger menores. “Armenteros tiene las puertas abiertas”, asegura su responsable, el sacerdote Blas Rodríguez, “si la Junta los admite y quiere traerlos, estaremos encantados”.
Asegura que ha ofrecido a la Junta la gran capacidad del colegio para acoger menores en diversas ocasiones y que “ellos saben que el centro está disponible” y añade que “aquí pueden venir sin problema entre 20 y 30 chavales y en función de cómo se adapten podríamos recibir más”. De hecho, las instalaciones del centro tienen muchísima más capacidad, aunque “es mejor empezar poco a poco, pero es la Junta la que tiene que decidir, nosotros no podemos hacer nada por nuestra cuenta y si está dispuesta a traerlos, nosotros estaremos encantados de la vida”.
Chavales que podrían escolarizarse allí ya que el centro educativo todavía está en funcionamiento. De hecho, mantienen alumnos en régimen interno, la mayoría de ellos procedentes de Latinoamérica y de países como Guinea, como reconoce Rodríguez.
Armenteros no es el gran centro que era, pero conserva abierto el centro educativo y cuenta con unas enormes instalaciones en las que se alojaron cientos de alumnos durante años. Una enorme torre de Babel en modo colegio donde se mezclaban las nacionalidades y culturas. Se calcula que por sus instalaciones han pasado más de 50.000 niños y jóvenes procedentes de más de 30 países. Todo un hito en un pueblo de la Salamanca más olvidada, casi en el límite con Ávila y con menos de 200 habitantes.



