El municipio de Cabrerizos es el refugio de la única población de cotorras de kramer (Psittacula krameri) de la que se tiene conocimiento que esté asentada en Salamanca.
Se trata de un loro invasor que frecuentemente es confundido con la otra cotorra que también es considerada una especie exótica invasora, la cotorra gris de argentina, (Myiopsitta monachus), que habita en la Península y que está causando serios problemas en ciudades como Madrid, con una población descontrolada.
La principal diferencia entre ambas es el tamaño y el color: mientras la de Kramer es del tamaño de una paloma (51-58 cm), de color verde y con el pico rojo, teniendo los machos una especie de collar negro alrededor del cuello, la gris de argentina es de menor tamaño, también de color verde, aunque con la garganta y el pecho gris y sin el pico rojizo.
Las dos son aves que figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Y, las dos son también, según argumenta el ornitólogo local Guillermo Cordero, “especies invasoras que vienen de otros países y que consiguen prosperar en aquellos lugares donde hay mucho cultivo y no tienen grandes depredadores naturales, por eso se extienden fácilmente”.
De la cotorra de argentina no se tiene conocimiento de su existencia en Salamanca, sin embargo, la de kramer se mantiene desde hace unos 30 años con una población estable, que ronda entre los 20 o 30 ejemplares. Estamos hablando, según puntualiza este experto, de una “población pequeña” que está asentada en la orilla del río Tormes a su paso por el municipio de Cabrerizos. En concreto, es fácil divisarlas o al menos escucharlas en la zona de la Urbanización de La Dunas.

La presencia de este tipo de especies exóticas supone un riesgo para las autóctonas ya que compite por los lugares de nidificación y las desplaza por esa misma competencia ya que apenas tiene depredadores.
La cotorra de kramer nidifica en los huecos de los árboles, situando el nido a unos 14 metros de altura. Estos mismos lugares son usados por otras aves autóctonas para criar como es el caso de los gorriones, las palomas o el pájaro carpintero, a los que termina expulsando porque además tiene más fuerza, contando con un pico potente con el que parte frutos secos como las nueces de un solo golpe.
En el caso de esta población que habita en Cabrerizos, Cordero asegura que su impacto es “limitado” y que genera menos problemas que en otras partes del país porque hay rapaces que las caza como el águila calzada o el halcón, y gracias a las que se mantiene a raya su población sin necesidad de que haya que tomar otras medidas para su control.
Esta cotorra que proviene del África subsahariana e India también tiene un impacto ecológico sobre los murciélagos. El ejemplo más claro lo pone Guillermo Cordero con la especie que habita en el parque de María Luisa de Sevilla: “Está estudiado que la cotorra de kramer está desplazando y acabando directamente con los murciélagos que hay que son los nóctulos mayores, la especie de murciélagos más grande de Europa que está en riesgo de desaparición. Las cotorras los expulsan directamente porque también crían en agujeros y a veces incluso los matan a picotazos”.

También es cierto que compite incluso con rapaces nocturnas como el autillo, el búho más pequeño de España, de un tamaño similar a un mirlo. Así lo confirma este ornitólogo que asevera que “la cotorra desplaza a cualquier especie que críe en agujeros de árboles que es donde ellas nidifican”.
Otros de los impactos que generan son económicos, que se pueden convertir en una seria plaga de cultivos al ser una especie granívora que consume frutos, néctar, hojas, flores, cereales, sobre todo causan grandes destrozos en el cultivo de maíz, aunque si encuentra un nido de otro pájaro también se lo come.
Los escapes o liberaciones voluntarias de individuos mantenidos en cautividad son los principales motivos por lo que las especies exóticas invasoras son introducidas en hábitats que no son los suyos: “Hay mucha gente que se compra un loro porque hace mucha compañía, pero después cuando van a echarle de comer se les escapa o simplemente se aburren de ellos y los sueltan porque los loros hacen muchísimo ruido y además dan unos picotazos tremendos que te pueden incluso llegar a romper un dedo”.

Donde la población no está controlada, lo ideal, según explica este ornitólogo salmantino, es que “todas las especies no autóctonas deberían ser retiradas de la naturaleza, capturarlas y llevarlas a un centro y si es necesario buscar a voluntarios que los quisieran cuidar. En algunos sitios como en Madrid donde hay miles de loros que ya son incontrolables, lo que se está haciendo es tirarles los nidos para que no se reproduzcan y que de forma natural vaya desapareciendo la especie sin tener que matarlos”.
Respecto al impacto sanitario, Cordero declara que la mayoría de las especies exóticas que están en libertad no interactúan con el ser humano, por lo que considera “raro” que supongan un riesgo para la salud humana, aunque obviamente no se descarta, y para ello pone los ejemplos de la peste que llegó a Europa a través de las garrapatas que tenían las ratas o el caso de Enfermedad Hemorrágica Epizoótica que afecta a rumiantes domésticos y salvajes y que proviene de un mosquito de África.
Por último, habla también de otras especies invasoras que se han convertido en una problemática en nuestro país como el visón americano, peces como el lucio, el siluro o el pez gato, así como el ganso del Nilo que ha empezado a multiplicar su población y a desplazar a otros patos autóctonos debido a su alto marcaje de territorialidad y que está generando ya un problema en la comunidad vecina de Extremadura.




