Santa Marta de Tormes acaba de estrenar una exposición que muestra parte de la obra de Anton Van Dyck, pintor y grabador flamenco muy conocido por sus retratos. El Museo del Grabado de la localidad acoge 'Iconografía', una exposición realizada en colaboración con el Museo de las Artes de Grabado y Estampa Digital de Ribeira, que ha cedido diez de los dieciocho grabados que realizó el artista.
“En esta exposición se muestran los diez grabados de la colección de la Fundación, pero dada la importancia del conjunto hemos considerado oportuno el mostrar reproducidos los ocho grabados restantes que no están en la colección. Esto ha hecho dar una visión más completa y exhaustiva de la obra grabada de la mano de Van Dyck”, ha asegurado José Fuentes, comisario de la exposición.
Junto a los grabados originales la muestra incorpora obras de un conjunto de grabadores europeos, cerca de noventa, que colaboraron con Van Dyck en esta serie y que son de una calidad excepcional.
La muestra, que lleva por título ‘Iconografía’ “no debe entenderse únicamente como una colección de retratos grabados, sino como un proyecto artístico, cultural y editorial destinado a construir y difundir la memoria visual de los personajes más destacados de la sociedad europea del siglo XVII.”, explica Fuentes.
Anton Van Dyck (1599-1641) fue uno de los grandes pintores del Barroco flamenco y uno de los retratistas más importantes de la Europa del siglo XVII. Es especialmente conocido por sus elegantes retratos de la aristocracia inglesa y, sobre todo, por sus representaciones del rey Carlos I de Inglaterra y su corte. El artista destacó principalmente como pintor de retratos, pero tuvo también una importancia considerable en la historia del grabado. Su actividad como grabador se desarrolló sobre todo durante las décadas de 1620 y 1630.
Su principal aportación fue la Iconografía (Icones Principum Vi¬rorum), una célebre serie de retratos grabados de personajes contemporá¬neos: monarcas, nobles, artistas, escritores y científicos. La ‘Iconografía’ se publicó en Amberes a partir de la década de 1630 y contó con la colaboración de los grabadores más destacados de su época. Su manera de representar a los miembros de la aristocracia —elegantes, seguros de sí mismos y rodeados de símbolos de poder— se convirtió en un modelo para generaciones posteriores de pintores.





