Los antiguos bomberos de la Diputación de Salamanca, algunos con muchos años de experiencia en el sector, han decidido realizar una carta abierta para evaluar la situación que atraviesa el país, en donde hace menos de una semana la provincia de Salamanca tenía que ‘prestar’ a sus bomberos para combatir unas llamas que se hacía imposibles para el personal del Servicio de Extinción de Incendios del territorio abulense.

En la actualidad, Castilla y León ha vuelto a sufrir los estragos de las llamas, más en concreto siendo el incendio de Ávila el más grande de la historia del país, una situación que a mayores se ha dado al unirse tanto el incendio de Burgohondo como el de San Martín de Valdeiglesias.
Ante esto, los bomberos que pertenecían a la Diputación de Salamanca han querido exponer su opinión sobre lo que está ocurriendo, con un escrito que lleva por nombre: “¿Cómo es posible que, mientras España lucha contra grandes incendios, haya bomberos con años de experiencia que no puedan prestar servicio?”
Carta abierta de los bomberos despedidos del Parque de Villares de la Reina (Salamanca)
Mientras España combate grandes incendios forestales, cientos de bomberos trabajan sin descanso y miles de ciudadanos observan con preocupación cómo el fuego amenaza viviendas, montes y pueblos enteros. Sin embargo, existe una realidad que pocos conocen: hay bomberos profesionales, con años de experiencia y plenamente capacitados, que hoy no pueden intervenir. Somos los bomberos despedidos del Parque de Bomberos de Villares de la Reina.
Cada verano los bomberos asumimos que habrá días en los que no dormiremos, que pondremos en riesgo nuestra vida y que dejaremos a nuestras familias para proteger las de los demás. Es nuestra vocación. Por eso resulta tan difícil explicar lo que estamos viviendo. Nosotros permanecemos en casa. No porque no queramos trabajar. No porque hayamos renunciado a nuestra profesión. Sino porque fuimos despedidos.
Durante años prestamos servicio desde el Parque de Bomberos de Villares de la Reina, protegiendo a decenas de municipios de la provincia de Salamanca. Intervenimos en incendios forestales y urbanos, accidentes de tráfico, rescates, inundaciones y todo tipo de emergencias. Lo hicimos de día, de noche, en festivos y en las peores condiciones.
Nunca preguntamos a quién pertenecía el servicio. Solo respondíamos cuando alguien necesitaba ayuda. Hoy seguimos siendo los mismos profesionales. Conservamos la experiencia, la formación y el compromiso. Lo único que ha cambiado es que ya no nos permiten hacer aquello para lo que nos hemos preparado durante años. Fuimos despedidos porque se decidió que el servicio debía prestarse exclusivamente por personal funcionario. Respetamos profundamente a los compañeros que hoy desempeñan esa labor y nunca hemos cuestionado su profesionalidad.
Pero creemos que el verdadero debate no debe centrarse en la condición administrativa de un bombero, sino en la protección de los ciudadanos. Los incendios no entienden de funcionarios, de personal laboral ni de competencias administrativas. El fuego no pregunta quién firma una nómina ni bajo qué régimen trabaja quien acude a extinguirlo. El fuego solo entiende de una cosa: que la emergencia se ataje con rapidez, con medios suficientes y con profesionales preparados.
Cuando una vida está en peligro, lo importante no es el régimen jurídico del bombero que llega, sino que llegue a tiempo. No escribimos estas palabras por interés personal. Las escribimos porque creemos que la seguridad de los ciudadanos debe estar por encima de cualquier decisión administrativa. Cada verano los incendios son más rápidos, más violentos y más difíciles de controlar. Cada minuto cuenta. Cada bombero cuenta. Y, sin embargo, hay profesionales con años de experiencia que permanecen fuera del servicio.
No pretendemos enfrentar a nadie. Queremos que la sociedad conozca esta realidad y se haga una pregunta: ¿Puede permitirse un país prescindir de bomberos con experiencia cuando las emergencias son cada vez más frecuentes y complejas?
Los ciudadanos, cuando llaman al 112, no preguntan quién gestiona un parque de bomberos ni cuál es la situación administrativa de su plantilla. Solo esperan que alguien llegue. Y nosotros seguimos preparados para hacerlo. Porque ser bombero no se deja de ser el día que te despiden. Se sigue siendo bombero cada vez que suena una sirena… aunque ya no te dejen subir al camión.
Pedimos que se escuche nuestra situación, que se valore nuestra experiencia y que se busquen soluciones pensando, por encima de todo, en la protección de los ciudadanos. No pedimos un privilegio. Pedimos la oportunidad de volver a servir. Porque mientras España sigue enfrentándose al fuego, nosotros seguimos esperando.



