Cada mañana de curso, cuando las facultades de la Universidad de Salamanca recuperan su pulso académico, hay un grupo de estudiantes que no persigue títulos profesionales ni salidas laborales, pero que llena las aulas con la misma disciplina, curiosidad y entusiasmo que cualquier joven universitario. Son alumnos de la Universidad de la Experiencia, un programa que ha hecho del aprendizaje a lo largo de la vida su razón de ser y que, año tras año, consolida su arraigo en la ciudad.
Impulsado por la Junta de Castilla y León y desarrollado en Salamanca por la Universidad de Salamanca, con la colaboración del Ayuntamiento y la Universidad Pontificia, el Programa Interuniversitario de la Experiencia (Piex) se ha convertido en uno de los proyectos formativos con mayor demanda entre las personas mayores de 55 años. Tanto es así que, cada primavera, decenas de personas madrugan de madrugada para hacer cola y conseguir una de las plazas disponibles.
Juan Antonio Martín Sánchez lo sabe bien. Tiene 72 años, nació en Lagunilla, en la comarca de Béjar, y se jubiló en 2016 tras más de cuatro décadas de trabajo en Correos. Hoy es presidente de la Asociación de Alumnos de la Universidad de la Experiencia de Salamanca y uno de los rostros que mejor explican qué significa volver a sentarse en un aula cuando la vida laboral ya ha quedado atrás.
“Llegué al programa a través de mi mujer”, recuerda. “El primer año fue imposible, no conseguimos plaza. Al siguiente, antes de que saliera el sol ya estábamos haciendo cola”. Era el curso 2012-2013, cuando la sede del programa se encontraba en la Facultad de Educación del paseo de Canalejas. Desde entonces, no ha dejado de asistir a clase.
El acceso al Piex está abierto a personas mayores de 55 años y ofrece un itinerario formativo de tres cursos, tras los cuales los alumnos se gradúan en una ceremonia solemne en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. A partir de ahí, pueden continuar en modalidad de posgrado durante tantos años como deseen. “Esto está abierto hasta que uno se aburra o las fuerzas fallen”, resume Juan Antonio.
En Salamanca, el programa oferta habitualmente unas 90 plazas de nuevo ingreso cada curso, aunque la demanda duplica esa cifra. “Se quedan fuera entre 90 y 100 personas todos los años”, explica el presidente de la asociación. En el curso 2025-2026, a las tres de la madrugada ya había personas esperando a las puertas de la Facultad de Geografía e Historia, aunque la matrícula no se abría hasta las ocho de la mañana.






