Reducir la dependencia energética con respecto al gas o a los combustibles fósiles, aprovechar una energía limpia las veinticuatro horas del día, ser un elemento que de estabilidad a la red eléctrica evitando sobrecargas y caídas del sistema, aprovechar el excedente de energía… Almacenar la energía que generan los sistemas eólicos y fotovoltaicos a gran escala es el santo grial de los investigadores y empresas del sector y en la carrera por dar con la solución al problema de las grandes baterías para estas energías está la Universidad de Salamanca con un proyecto liderado por Alejandro Medina, catedrático de Física Aplicada y director del grupo Grupo de Investigación en Optimización Energética, Termodinámica y Física Estadística de la USAL.
Almacenar grandes cantidades de energía eléctrica procedentes del aire y del sol es la gran quimera de un mundo dependiente de los productores de gas o petróleo, en el que los conflictos desestabilizan los precios y hacen tambalearse al resto del mundo, algo que hemos sufrido recientemente con la crisis de Ormuz o el conflicto con Rusia.
En este panorama conseguir la autosuficiencia que supone poder almacenar una energía procedente de un yacimiento infinito como es el sol o el aire supondría un alivio económico fundamental, pero también traería otras ventajas medioambientales, ya que son energías limpias que aprovechan recursos naturales, permitiría un sistema de precios estables al no depender de terceros países para su suministro o poder inyectar energía a demanda en el sistema de red eléctrica evitando apagones como el del año pasado al compensar con esa energía almacenada las oscilaciones de las renovables.
Poder guardar esta energía sería una gran revolución económica, medioambiental y social y por ello son muchas las universidades, centros de investigación y empresas que buscan la forma de crear esas enormes baterías que permitan almacenar grandes cantidades y utilizarla a conveniencia, aunque sea de noche o no sople el viento.





