Salamanca y el doblaje de cine son dos conceptos que la historia ha unido para que permanezcan juntos en la retina y en los oídos del espectador. Carlos Revilla, Jesús Nieto o José Angel Juanes son algunos de los nombres cuyas voces nos han acompañado en el día a día, desde las interpretaciones de Homer Simpson, Lou Grant o Cornelius Fudge, respectivamente, han ido marcando gran parte de nuestros visionados en las salas de cine.
En esta ocasión, es turno de hablar de otra de las grandes joyas del cine que ha dado Salamanca, Camilo García, orgulloso de su tierra y con miles de películas a sus espaldas. Con fiel pasado en el mundo rural por su padre, en Cabrillas, la región salmantina siempre ha estado presente en su vida.
Con Camilo ocurre también un hecho muy peculiar, que es imposible separar su voz de infinidad de personajes, entre los que se encuentran Anthony Hopkins, Gene Hackman o John Goodman, con auténticas frases que siempre quedarán en la memoria del amante del cine.
Sus inicios se dieron en el mundo del teatro, donde fue descubierto por José Luis Sansalvador. Este mismo le animó a introducirse en el mundo del doblaje, pasando del mundo de la actuación entre telones, a hacerlo en la de las traducciones mimadas y cuidadas. Poco después, le llegaría uno de los papeles más relevantes de la historia del cine: Han Solo y la mítica primera entrega de ‘Star Wars’.
El reconocimiento en Salamanca ha tardado en llegar, pero por fin lo hizo. Este viernes, 23 de octubre, Camilo García fue nombrado Huésped Distinguido de la capital del Tormes. Un homenaje a una vida dedicada al mundo del doblaje y a apreciar el arte que ello conlleva.
Además, al mundo del doblaje no es la único a lo que le ha puesto voz, sino que habría que destacar el gran papel que ha hecho en el mundo de la publicidad, siendo la voz de anuncios míticos como el de Seguros Ocaso o el de Cuétara con sus famosas Campurrianas.
Pregunta: Enhorabuena por ser nombrado Huésped Distinguido de la ciudad, ¿qué se siente al recibir este reconocimiento?
Respuesta: Orgullo, mucho orgullo. Porque nací aquí y cuando era muy pequeñito tuvimos que emigrar. Yo siempre he sido salmantino, salmantino de corazón. Alguno me decía que no era de Salamanca, pero para mí, decir que soy de Salamanca me enorgullece. Es que es una ciudad extraordinaria. En aquel momento, siendo niño, no había tenido la oportunidad de venir. Ya siendo más mozalbete tuve la suerte de venir y ya dije, sí, tenía razón, es una ciudad maravillosa.
P: Además, durante su intervención recibiendo el Huésped Distinguido de Salamanca, ha mencionado a Cabrillas. La España rural, la que a veces se olvida… también hay que mencionarla, ¿verdad?
R: Mira, mi padre era muy cabrillense, mucho mucho, tenía que volver siempre al pueblo para volver a ver a su familia y lo poco que tenía, una casita.
P: Hablamos de Cabrillas, de Salamanca… pero yendo al mundo del doblaje, no podemos olvidar la cantidad de viajes que ha tenido que hacer en la gran pantalla. Supongo que es bonito destacar que el mundo del doblaje ha hecho que pueda visitar otros paisajes y otros mundos que uno no se imagina.
R: He doblado películas inglesas, estadounidense, francesas, italianas, suecas, alemanas…
P: ¿Te falta alguno todavía?
R: Yo creo que no (entre risas), hasta Corea y de Japón, que algunas veces vienen películas buenas. He doblado de todo el mundo, pero a mi me ha gustado viajar mucho y he viajado muchas veces. Fíjate, cuando hacía teatro hice una gira muy interesante con José Luis Gómez, que había montado una compañía a los 70 e hicimos una gira extraordinaria por Brasil, Uruguay, Chile, Colombia, México… una gira extraordinaria haciendo teatro. Había empezado en el teatro y adquirí cierto renombre, no mucho, pero sí el suficiente, pues llegó la oportunidad de hacer doblaje, que llegó de una manera un poco fortuita. Llegó alguien, me vió en el escenario y me dijo “oye, tienes que venir a hacer doblaje, te ponemos una prueba y a ver qué pasa”. Claro, la pequeña prueba fue para mi casi definitiva, una forma de actuación totalmente diferente.
P: ¿Pero imaginaste en algún momento que el mundo del doblaje se hiciera realidad?
R: No, me gustaban mucho las voces cuando era niño, me gustaban las voces y yo sabia mas o menos quienes eran porque eran muchos actores de radio que hacían novelas radiofónicas o programas, desde pequeño yo sentía la cosa de la interpretación, a mi manera claro, y a partir de ahí ya sabía quienes eran algunos. Esta es la voz de Fulano Fulano y cuando entré allí dije, caramba, y vi de repente que estaba con Fulano, que sabía quién era, que le oía la voz y decía, ay, esta es la voz de tal. En ese momento entré en un mundo nuevo, pero muy bonito para mí y desde luego que me quedé. Eso sí, seguía haciendo teatro cuando tenía opciones y trabajaba con muchas compañías nacionales.
P: ¿En Salamanca también?
R: En Salamanca recuerdo dos actuaciones muy buenas. En el teatro Liceo, en el antiguo Liceo, vinimos a hacer una obra que se llamaba "La boda de los pequeños burgueses" de Bertolt Brecht, con un grupo que se llamaba Goliardos, un grupo extraordinario que ya era profesional. Aquí estuvimos en el teatro Liceo antes de la reforma. Luego tuve la oportunidad de estar en la universidad, en el aula de Juan de la Encina, y ahí hicimos un Shakespeare muy importante, 'La Tempestad', en la cual tenía grandes colegas, todos. La mayoría son grandes actores, muchos reconocidos, muchos del cine que llevan en la misma compañía desde entones. Era un teatro muy diferente, pero muy bonito y con unos espectadores extraordinarios. En muchos sitios decíamos cosas shakesperianas y nada, y aquí las cazaban enseguida… claro, habían estudiado a Shakespeare y sabían muy bien qué era 'La Tempestad', qué era cada personaje. Fue uno de los públicos más importantes que he tenido nunca.
Una de las grandes casualidades que se han dado en la vida de Camilo García fue en torno a una película rodada en Salamanca, ‘1492’ de Ridley Scott, donde una de las escenas se grabó en el mismo lugar donde se ha hecho la entrevista, la Plaza Mayor. En esta película en la que el protagonista era Gérard Depardieu, finalmente el salmantino le puso voz en su doblaje, cerrando un bonito círculo en la ciudad de la cultura.
P: Hablando de Salamanca y de la tierra, ¿ha habido algún componente salmantino que se haya llevado al mundo del doblaje?
R: Yo es que tuve dos maestros cuando llegué que eran salmantinos. Al saber que yo era salmantino, pues esos maestros enseguida dijeron, “yo soy de Salamanca”, y el otro, “yo soy de Salamanca”. Claro, uno era Carlos Revilla, extraordinario, maestro absoluto y completo. El otro gran maestro que vino mucho tiempo a vivir a Barcelona era Jesús Nieto, de Ciudad Rodrigo, otro grande, grande, grande y muy maestro mío. Incluso le llegué a dirigir cuando vino a trabajar a Barcelona.
P: Hay otra pregunta que me hago, después de miles de películas, ¿cómo se mantiene la motivación después de tantos años doblando?
R: Porque el oficio es muy bonito. El oficio, cuando lo captas y lo coges y te gusta, es una especie de pequeña droga. Dices, bueno, a partir de ahora no sé qué me van a echar, me dicen que estoy convocado mañana o pasado para una película, y a veces es un personaje que he hecho y otras veces no, y al final resulta que es un personaje que me he acabado quedando porque me gusta, me gusta y me gusta.
P: ¿Con cuál le pasó?
R: Hubo una serie que tuvo muchísimo éxito que se llama Succession, una serie que es una familia y el jefe de la familia, es una especie de Rey Lear, que tiene a sus hijos allí, los tiene amansados y tal y cual, y todos están esperando a ver si se muere de viejo. Allí pillé a un actor británico extraordinario (Brian Cox) y estuve como cinco o seis temporadas doblándole a él. Creo que es una de las cosas más bonitas que he hecho en los últimos años.
Y es que las posibilidades de doblaje son infinitas. Como ejemplo también pone en el Anthony Hopkins, donde explica que “ya lo conozco, lo único es saber cómo ha estado en una u otra película”. Además, es un actor que sigue haciendo películas, por lo que el registro y seguir modulando la voz en función de las necesidades se torna como asunto clave.
P: ¿Sirve cualquier voz para ser doblador?
R: Lo más importante es que seas actor. Que sientas y que cuando veas aquello, aunque tu voz no sea extraordinaria, sea lo suficiente para que la gente capte. Eso y que vocalices bien, que conozcas bien el oficio. El oficio es muy importante, el oficio se aprende y entonces tú puedes tener mucha vocación y posiblemente ser un buen actor, pero luego has de aprender ese oficio, si se aprende y te gusta, cualquier voz puede ser buena siempre que seas buen actor. Yo creo que si eres actor y te gusta ese trabajo, este oficio lo aprendes hasta hacer doblajes muy bien.
P: El trabajo detrás de las cámaras, en este caso detrás del micrófono, es clave. Es como el actor que se prepara un personaje semanas antes, en el doblaje es igual.
R: Cuando empiezas en el mundo del doblaje y vas progresando y un director te dice que este personaje puede estar bien y aprovechas la oportunidad… Es lo que me pasó a mi con Harrison Ford en el 77, yo ya había hecho mucho teatro y mucha televisión y en el doblaje solo hice cositas. De repente llegó y era un actor que me gustaba, que era poco conocido por aquel entonces, y querían era una voz más nueva o lo que sea y ahí me metí de lleno en él y creo que fue pues un momento donde dijeron “este sirve para esto”.
P: La gente, en el mundo del doblaje, puede fijarse en actores como John Goodman o en Anthony Hopkins, pero creo que también hay que darle cierta relevancia a los personajes secundarios, que son claves también para hacer una película y a veces nos olvidamos de esos personajes secundarios que también son igual de importantes.
R: Yo he hecho muchos, muchos secundarios. De poco trabajo, pero muy potentes. A veces te sale el abogado que está en un juicio o el juez que dice “silencio, silencio”, y a ese le tienes que doblar bien. A lo mejor solo salen en esa secuencia, pero sí, de eso he dicho muchos, muchos, muchos. No solo me dedico a los grandes, que sí, pero también en un papel, aunque sea pequeño, digo “oye, pues vale la pena”. Voy para allí y entonces me entrego directamente a ese señor.
P: Hablando del poco tiempo en pantalla, es curioso porque uno de tus grandes personajes sale muy poco en la gran pantalla. Anthony Hopkins y El Silencio de los Corderos.
R: 16 minutos. La gente lo espera en todo momento. 16 minutos y un Óscar, como pocas veces se ha visto cuando se lo dieron, se levantó la sala de Hollywood, toda la sala y un aplauso de los más grandes que ha habido nunca porque había hecho un personaje que entró dentro de todo el mundo.
P: ¿Claro, hay algún personaje que te hubiera gustado hacer y que no hayas podido hacer?
R: No, yo creo que con los que tengo ya tengo bastante. Quizá por ahí hay alguno, pero ya me pilla una edad un poco difícil. Los que tengo son todos muy buenos.
P: En referencia a aquellas personas que quieran iniciarse en el mundo del doblaje. Ahora hay muchas escuelas, muchos institutos que quieren enfocarse en el mundo del doblaje, pero supongo que no hay que olvidarse de los autocuidados. Como un deportista se cuida para rendir en la élite, en un doblador es lo mismo.
R: En estas escuelas se puede dar una noción de lo que es el espectáculo, de lo que es la profesión. Si te gusta y sigues, pues irás a otra escuela mejor preparada y si te gusta, pues uno sigue y sigue. Muchas veces hay gente que lo prueba pensando, mira, esto sí, pero luego no son actores y no llegan a comprender la historia. Hay veces que hay que comprender muy bien por qué este señor está enfadado. porque yo tengo que enfadarme con él. Un personaje puede llegar a volverse loco y tienes que gritar a las 8:00 de la mañana cuando te convocan. O incluso que recién llegas a otra y ves que tu personaje tiene que gritar como un loco y no tienes la voz preparada, pero tienes que tenerla preparada porque hay que gritar, hay que estar a la altura de eso. Después, de repente se empieza a reír y te hacen unas carcajadas brutales, o a lo mejor no estás medio muerto y tienes que morirte a las 8:00 de la mañana.
En este aspecto, entra otra figura clave de cara a entender la magnitud de un actor de doblaje, el poder de adaptación al medio y el de entender una industria que se reinventa con el tiempo.
P: ¿Hay gente que quizá no entiende la importancia del doblaje, quizá?
R: Todo eso está muy bien porque forma parte del conglomerado de una industria, una industria que yo creo que es preciosa desde que empezó. Es una forma de traducir artísticamente, una traducción directamente en los labios de otro actor. Luego vienen algunos y me dicen ”cuidado que usted está robándole la voz a otro”. Yo digo “no se la robo, yo se la pongo en otro idioma” y estoy dándole a los que no entienden inglés o a los que no quieren leer subtítulos y a mucha gente les estoy dando la oportunidad de escuchar y sentir la película.
P: Constantes cambios en los personajes entonces, pero, ¿hay alguna vez que te hayas visto en la gran pantalla digas, puedo mejorar esto?
R: Sí, claro. A veces digo que ojalá hubiera podido mejorar esto.
P: ¿Y con qué película exactamente?
R: Hace poco que en la última película de Hawking fue el padre, donde hacía una interpretación monstruosa de una obra de teatro de un señor que tiene Alzheimer, que viene su hija y no sabe si es su hija. Ahí veo otra otra, esta es mi hija, era un personaje muy difícil, muy difícil. Y ahí sí que realmente me entregué mucho porque era una interpretación muy para adentro. Ahí no era el Hawkins que daba miedo, no, al contrario, pasaba mucha pena porque era un pobre viejo. Y ahí pues la cosa la trabajé mucho, fui a verla y dije, aquí estoy bien, aquí no, aquí estoy cuidado. Sin embargo, el dueño de la película, la distribuidora, cuando la vieron en la sala dijeron, “nada que cambiar, está perfecto”. Me enviaron una nota, muchísimas gracias, es un doblaje fabuloso. Uno dice, pues ya está, son cosas que pueden pasar.



