Con el objetivo de concienciar acerca de la importancia de apoyar a las personas que padecen problemas de salud mental, recientemente se ha celebrado el Día Mundial de la Salud Mental, que en 2023 tiene por lema 'La salud mental es un derecho humano universal'.
La Organización Farmacéutica Colegial se ha unido a esta reivindicación del derecho a la salud mental publicando un informe técnico centrado en la esquizofrenia, una de las enfermedades que, según la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), provoca un mayor estigma, exclusión social y discriminación hacia las personas que la padecen.
La causa de la enfermedad no se conoce, pero se acepta su carácter multifactorial, en el que participan factores ambientales pre-, peri- y posnatales, factores genéticos, sociales y una desestructuración de los circuitos neuronales o de las áreas cerebrales.
El debut clínico de la esquizofrenia suele ocurrir en la adolescencia o en adultos jóvenes, especialmente entre los varones, a quienes afecta en mayor medida; sin embargo, en las mujeres aumenta la incidencia a partir de los 50 años.
Las manifestaciones clínicas incluyen síntomas positivos -delirios, alucinaciones, agresividad en algunos casos-; síntomas negativos -anhedonia, desinterés social, aplanamiento afectivo-; síntomas cognitivos que afectan a la atención y a la memoria; y síntomas afectivos como ansiedad o agitación.
El farmacéutico es un profesional clave en el control de los síntomas de la esquizofrenia. El uso de fármacos antipsicóticos constituye la principal línea de tratamiento de la esquizofrenia.
Además, las terapias psicoeducativas y cognitivo-conductuales han mostrado eficacia en combinación con el tratamiento farmacológico en la mejora del desempeño sociolaboral y en la funcionalidad global de los pacientes.
En todo caso, los farmacéuticos desempeñan una importante función para favorecer el control de los síntomas de esta enfermedad y mejorar la salud de las personas que la padecen.
De manera específica, la adherencia al tratamiento es un problema de especial relevancia en estos pacientes, por lo que la acción del farmacéutico a este respecto resulta fundamental.
Además, la labor de educación sanitaria ejercida por el farmacéutico puede ayudar a mejorar la calidad de vida incidiendo en el control de hábitos perjudiciales para la salud, como el consumo de tabaco y alcohol, muy frecuentes en las personas con esquizofrenia, y en el manejo de comorbilidades como la obesidad y la diabetes, que pueden ser un efecto adverso común de los fármacos antipsicóticos.
Desde la profesión farmacéutica de están desarrollando varias acciones con el objetivo de visibilizar la pandemia silenciosa que constituyen los problemas de salud mental, así como el papel que puede jugar el farmacéutico en su prevención y detección precoz. Poder sentirse seguro es fundamental para luchar contra los problemas de salud mental. No cabe duda de que los farmacéuticos pueden dar esa seguridad.




