La tensión, el alboroto y la violencia fueron protagonistas de la junta general celebrada en el Casino de Salamanca en el anochecer del lunes 28 de enero de 1924. “No es exagerado afirmar que durante días apenas se habló de otra cosa en la ciudad y el suceso fue abordado con profusión por la prensa local, y transcendió también a los diarios de Madrid”, señala Francisco Javier Infante Miguel-Motta, profesor de la USAL, en el texto ‘Diego Martín Veloz (1875-1938). Historia de un golpista’. Uno de esos periódicos fue El Adelanto, salpicado por lo ocurrido debido a que el autor de los disparos era su administrador, José Núñez Alegría.
El administrador de El Adelanto abrió fuego contra el militar cubano Diego Martín Veloz cuando este luchaba sobre un diván contra los que trataban de reducirle y de evitar que disparase la pistola que había sacado instantes antes. En medio de este revuelo, el recién llegado vio a su padre, Francisco Núñez, cerca del hombre que portaba el arma y, creyéndole víctima de sus ataques, disparó dos veces contra su oponente, pero, ¿cómo se llegó a esta situación?
Antecededentes de los hechos
El día anterior al accidentado suceso, los socios del Casino de Salamanca celebraron una junta general que duró tres horas y en la que se aprobaron dos proposiciones: rebajar el sueldo del conserje a 4.000 pesetas y suprimir la plaza de jefe de personal. El cansancio general que reinaba entre la mayoría de los presentes forzó a que la reunión se pospusiese al lunes. Quedaba pendiente la formación de la nueva junta directiva, ya que los cargos designados no fueron aceptados tras una muy escasa votación,
Los socios volvieron a reunirse a las 18:00 horas del 28 de enero y “surgió una proposición, que firmaron varios, pidiendo la revocación de los acuerdos de personal tomados en la tarde anterior”, sostenía El Adelanto en su artículo de la época. La asistencia de personalidades de la sociedad salmantina era considerable e incluso se anunció la presencia de Diego Martín Veloz, que hacía “ya bastante tiempo vivía alejado del Casino”. El militar nacido en Cuba entró en el salón del Palacio de Figueroa ya comenzada la sesión y preguntó al presidente, Miguel Íscar, “si había recibido un telegrama suyo desde Peñaranda, participándole que teniendo interés en hablar en la Junta, pedía su suspensión hasta que recibiese” otro anunciando su llegada. La respuesta fue negativa.
Martín Veloz no solo censuró entonces la actuación de la junta directiva, sino que “impugnó vehemente” el acuerdo adoptado el día anterior. Miguel Íscar intentó rebajar los ataques dirigidos por el militar y le convino a que evitara aludir personalmente a ningún socio, “guardando a todos el respeto que merecían”. Este discurso y los posteriores argumentos del presidente fueron acompañados por los aplausos y frases de aliento de los presentes, que, al mismo tiempo, reprobaban las palabras del recién llegado. “No recordamos haber visto el Casino, ni tan repleto de socios en una Junta ni que con tanto calor se tornara la discusión”, continúa relatando El Adelanto de hace cien años.

Suenan dos disparos
La tensión fue en aumento ante la votación de la proposición presentada para revocar los acuerdos acordados en el día anterior. El doctor Peralta dijo que fuera en secreto por haberse convertido el militar en defensor de la misma. “Yo votaré por convicción, pero no porque la defienda el señor Veloz, sino porque tengo ese criterio y quiero hacerlo así”, convino. El aludido se le acercó “en los mismos tonos provocativos con que había procedido en toda su actuación. Los socios les rodearon y se oyeron voces de: -¡Que no se acerque! ¡Fuera! ¡Que se separe! El escándalo arreció entonces”.
Juan Mirat, desde la mesa de la presidencia, señaló que esta situación no se podía tolerar. "Usted es capaz de tolerar todo lo de este mundo", le replicó Martín Veloz. Ante esta respuesta, el primero arrojó a la cabeza del segundo una campanilla, lo que agravó aún más la situación. El cubano sacó su pistola y antes de que hiciera uso de ella, se interpuso un grupo de socios para tratar de reducirle. De repente, se escucharon dos balazos dirigidos hacia su persona. Fue trasladado a las habitaciones del conserje, donde fue curado por el médico Firmat, mientras que el autor de los disparos, José Núñez Alegría, se presentó a las autoridades, quedando a disposición del Juzgado, y admitiendo que había actuado de tal forma al creer que su padre estaba siendo víctima de los ataques del alborotador.
José Núñez Alegría fue condenado por un delito de asesinato frustrado, con la concurrencia de alevosía, a una pena de doce años y un día de prisión y a abonar 20.000 pesetas a Diego Martín Veloz en concepto de indemnización civil. Esta sentencia dictada por la Audiencia, tal y como recoge Francisco Javier Infante Miguel-Motta en su texto, fue recurrida y anulada por el Tribunal Supremo, que tipificó lo ocurrido como “un complejo de disparo de arma de fuego y lesiones”, reduciendo la pena “a cuatro años de prisión y accesorias”.
Asimismo, el periódico de Veloz, La Voz de Castilla, llevó a cabo un amplio seguimiento del suceso y llenó sus páginas de listados de adhesiones al agredido, en los que sobresalen las firmas de militares de la más diversa graduación, indica igualmente Francisco Javier Infante Miguel-Motta. De Primo de Rivera a Quiepo Llano, pasando por Bermúdez de Castro y Gómez Núñez.
¿Quién era Diego Martín Veloz?
Diego Martín Veloz, uno de los protagonistas del suceso, era una de las personalidades más polémicas de la sociedad salmantina de la época. Nació en Cuba en 1875, ya que su padre, Andrés Martín García, de Pedrosillo el Ralo, se trasladó al país americano, conducido por las penurias familiares, para combatir en la guerra de los diez años (1868-1878). Allí se casó con Mercedes Veloz, de origen canario, con la que tuvo ocho hijos, según señala el profesor de la USAL en su trabajo.
Veloz se incorporó como voluntario al ejército cuando solo contaba con veinte años. Siempre sintió una gran adición por lar armas. "Llama poderosamente la atención la brevedad de la carrera militar de nuestro hombre: 2 años, 8 meses y 26 días de servicios con abonos, pero solamente 1 año, 4 meses y 13 días de servicios efectivos. El resto, lo pasó arrestado o en prisiones militares. En ese breve lapso de tiempo ascendió a sargento de movilizados de ultramar, a segundo teniente de esta condición, se le concedió la cruz del mérito militar con distintivo rojo por su comportamiento en el campo de batalla, fue herido de gravedad en combate, en julio de 1898 y ascendido a primer teniente en ese mismo mes".
Tras su polémica carrera militar, Veloz desembarcó en Vigo, instalándose posteriormente en la provincia charra. Se dedicó a los negocios y "en 1919 ya era el mayor contribuyente de la ciudad de Salamanca". En ese mismo año fue elegido diputado a Cortes por el distrito de la capital. "La situación cambió por completo en las elecciones de abril de 1923. La fractura en sus apoyos sociales, unida a su enemistad e incidentes con las familias políticas dominantes explican que perdiera el acta a manos de Juan Casimiro Mirat, poderoso empresario que encabezó una coalición contra él, que abarcaba desde Unamuno hasta las fuerzas obreras". También se presentó por Peñaranda, alzándose frente a Francisco Gómez de Liaño.
Durante la dictadura, desarrolló una importante influencia gracias a sus contactos militares; mientras que en las elecciones celebradas en la República se presentó como candidato monárquico. Conspiró incansablemente contra el nuevo régimen y participó de forma activa en el alzamiento nacional. Murió en plena Guerra Civil, en 1938.




