Toda una vida entre fogones, cocinando al más alto nivel y dejando a su restaurante en el top de los más valorados en Salamanca. Pauli Andrés, del Restaurante Río de la Plata, rebosa energía y temperamento por los cuatro costados, y ganas, muchas ganas de seguir haciendo cosas, aunque ahora, que está recién jubilada, no sabe muy bien en qué ocupará su cabeza. Ha pasado de trabajar 14 horas al día a no tener nada que hacer y eso no lo lleva nada bien. De hecho, Pauli se acaba de jubilar con la friolera de 85 años y le parece demasiado pronto. “Quería jubilarme a los 90 años, porque yo todavía arrollo trabajando, trabajo a una velocidad de vértigo”, asegura añadiendo rotunda “no veas la salud que tengo todavía, gracias a Dios como si tuviera 20 años”. Y así es, no hay más que hablar con ella unos minutos para darse cuenta de que si hubiera querido, habría aguantado hasta los 90, aunque todos a su alrededor aseguran que se merece descansar.
Han sido 65 años en la cocina. “Empecé a trabajar con 17 años, era un negocio familiar, de mi padre, mi madre mi hermano y yo que abrimos en el año 58. He estado toda la vida entre fogones, por eso es difícil borrarlo de la mente, ahora lo paso mal”. Ella asegura que “como mejor se está es trabajando y como mejor se pasa el tiempo es trabajando, parada se hace muy largo”. Hay que tener en cuenta el estrés y el ritmo frenético de la cocina de un restaurante, pero ella minimiza ese ritmo a pesar de que lo ha vivido cada día hasta hace poco. “Es mucho estrés, pero yo ya estaba acostumbrada a eso y a trabajar muchas horas, que me venía aquí a las 9 y ya no me iba hasta la 1 a las 2 de la mañana de la noche”. Un ritmo de trabajo infernal que ella ama por encima de todo. “Yo no estoy nunca cansada, en la vida me he visto cansada”. Le gusta lo que hace, porque lo hace por “su gente”. “Todo lo hice con amor y con ilusión. Considero a todos mis clientes mi gente y yo trabajo con mi gente, con la que trabaja conmigo y con la que come en mi casa”, afirma.
Trabajo y amor por la profesión que se nota en cada plato que sale de la cocina de Pauli. Su restaurante es uno de los más conocidos, un homenaje constante a la cocina más tradicional, esa que Pauli bordaba y que seguirán bordando los cocineros de restaurante, algunos de los que han trabajado más de treinta años con ella en la cocina. Una cocina que ella defiende a capa y espada. “Mi cocina es tradicional, hemos metido algún plato diferente, pero la base es tradicional” y asegura no hay un plato de su carta que no le gustara cocinar. “Nunca he guisado algo que a mi no me gustara, tengo la sensación de qué si a mí no me gusta, no le va a gustar a nadie”, asegura. De su cocina son éxito garantizado platos como el rape en delicia, el panaché de verduras y los asados. Su guiso de cordero que “nadie en Salamanca los guisa como lo hago yo” y los pescados. De hecho, a lo largo de su carrera ha recibido todo tipo de premios y galardones por su trabajo, algo que todavía la emociona.

Un éxito que ha hecho que su restaurante haya recibido siempre visitas ilustres. Actores, políticos, artistas de todo tipo… La duquesa de Alba era asidua a comer en el Río de la Plata en todas sus visitas a Salamanca. De hecho, una vez Pauli la atendió con muletas ya que estaba recién operada de un pie. Algo que cuenta con orgullo, asegurando que “para mí no había otra cosa más que esto, era mi vida. Esto lo anteponía a todo, muchas veces a la salud porque he venido a trabajar con muletas”. No se arrepiente. Reconoce que es un trabajo duro pero que también “da muchas satisfacciones”.
Además de la duquesa, por su restaurante han pasado todo tipo de personas conocidas. Ministros, celebridades,… Antonio Banderas que “me quiso llevar con ellos a unas bodegas a Valladolid”, Concha Velasco, Lola Flores, Rocío Jurado que asegura “era una señora”, e incluso Orson Welles, que “estuvo tres días alojado en el Gran Hotel y cenó aquí cada noche”, afirma Pauli.
Y ese ha sido el mejor premio, que sus clientes repitan, ya sea cuando visitan la ciudad o ya sean salmantinos. “Las cosas en la cocina se hacen con amor y con corazón”, asegura, y con ese amor y corazón que ella le ha puesto a cada plato, sus clientes y amigos le han respondido todos estos años y le seguirán respondiendo en este retiro tan merecido, aunque ella de momento, no lo vea como un premio. Feliz jubilación, Pauli.




