No en pocas ocasiones en nuestro formato radiofónico, y en muchos espacios escritos, he apuntado la artillería hacia aquellos sectores y personas que se devanean entre la mentira y el fraude perfectamente organizado. Imagino que a nadie extrañará que tal y como ocurre en otros ámbitos de la vida, están aquellos que utilizan herramientas endebles sostenidas en la falsedad y el engaño. Quienes centramos nuestra actividad o parte de ella en la investigación y/o divulgación de los temas relacionados con enigmas y misterios, tampoco estamos exentos de quedar adosados en la pegajosa telaraña que poco a poco y de forma casi velada, se va tejiendo desde las sombras de la habitación de algunos pseudo investigadores de todo a un euro.
Permítame que ejerza de abuelo cebolleta para recordar un hecho concreto que puede servir como muestra de lo que esta semana escribo. El viernes 11 de mayo del año 2012 –hace algo más de cinco años-, frente a los micrófonos de Onda Cero que por aquel entonces ocupaba cada semana, el equipo de Angulo 13 realizamos un programa especial al que denominamos “Fraudes y Fraudulentos en el mundo del misterio”. Recuerdo como desde casi un mes antes, tras el anuncio del venidero programa, comencé a recibir todo tipo de mensajes que apuntaban, unos a la necesidad de hacer aquel espacio radiado, y otros “aconsejándome” que me olvidara de hacer un programa así. Hubo incluso algunos que se atrevieron a llamarme por teléfono para preguntarme si su nombre iba a salir mentado. En aquel histórico programa participaron José Luis Tajada, María José Pérez, Juan Miguel Marsella, Dany Álvarez y Francisco Zurita, quienes cada uno en el campo que le compete, expuso su punto de vista sobre algunas grandes mentiras y especialmente sobre algunos personajes que las crean, fomentan y perpetúan (que cosas, que a alguno el tiempo va poniendo en su lugar).
Fue una emisión de esas para no olvidar; el hilo de conversación creado para la ocasión en la red social Facebook, trabajaba a razón de 4 mensajes por segundo por parte de los oyentes, que sorprendidos por lo que se estaba contando, quisieron plasmar también su punto de vista. Pero aquel no fue un programa de esos que se olvidan una vez que se cierran los micrófonos y finaliza la emisión. Ese Angulo 13 sirvió para despertar a aquellos/as que desconocían las alcantarillas de este mundillo (que las tiene como las tiene la prensa, los boticarios, el profesorado, las peluquerías…), y también sirvió para despertar a más de un cafre de los que pululan en torno a la información y la investigación de lo anómalo.
Desde aquella emisión pasé a formar parte de lo que algunos llaman “policías del misterio”, “mosca cojonera”, “pseudo periodista cazador de magufos”, algunos choriceros inventa misterios me colocaron en una cutre lista de “non grato”, recibí amenazas vía email, vía chat de Facebook, a través de Whatsapp… y por supuesto de todas ellas sigo guardando copia y captura de pantalla por si un día me da por ilustrar un libro con tantas “bonitas reseñas hacia mi persona y actividad” (la emisión de ese programa puede escucharse o descargarse desde el siguiente link: http://www.ivoox.com/a13-fraudes-y-fraudulentos-jose-luis-tajada-j-miguel-marsella-audios-mp3_rf_1220570_1.html).
En fin, que hoy quería compartir este recuerdo con usted y de paso hacer que sirva como introducción al breve recorrido que realizaré a continuación a través de dos o tres expedientes que de alguna manera están teñidos con la sombra del fraude o de haber sufrido un proceso de inflamiento por conveniencia de algunos.
Así pues, podríamos comenzar este particular y breve recorrido por la conocida Guerra de los Mundos. El 30 de octubre de 1938, Orson Welles adapto a formato radiofónico este clásico de la novela fantástica. Retransmitió cada uno de los pasajes de aquella obra como si estuviese ocurriendo en realidad; una invasión extraterrestre con clara intención de acabar con la humanidad. Aquella emisión provocó una oleada de histeria colectiva en Nueva York y Nueva Jersey, incluso hasta el punto de mucha gente suicidarse ante el irremediable final en manos de los extraterrestres. Aquel programa marcó un antes y un después en la divulgación radiofónica sin duda alguna.
ORSON WELLS
Otro de los grandes clásicos del engaño en torno a estos temas, es la conocida autopsia alienígena de Roswell. En 1995 un video de lo que se presupone es la autopsia a un extraterrestre en Roswell, Nuevo México, se emite en las televisiones de todo el mundo. Se explicaba que el cadáver de aquel ser cabezón y extra planetario era el que se había recuperado de la nave que años antes, el 7 de julio de 1947, se había estrellado en un rancho de esa localidad.
A poco se analice este video, podemos descubrir que todo responde a un montaje con intenciones inciertas; primeramente se puede observar como la película muestra un código no militar, que las lesiones de ese individuo de extraña apariencia no responden a las de un accidente aéreo y entre otro montón de cosas, que la persona que realizaba la autopsia sujeta las tijeras no como un cirujano sino como un aficionado al bricolaje cortando cartulinas.
Finalmente y tras el oleaje de críticas, el autor del vídeo confesaría que todo era mentira. Pero ojo, lo que es un fraude es la autopsia que recoge ese vídeo. Aventurarse a decir que el “Incidente Roswell” es un fraude, es algo que yo no pienso hacer, porque sin duda alguna, este caso está repleto de incógnitas y de claves informativas y contra informativas que cuando menos, invitan a pensar que hay algo más consistente detrás de este expediente militar.
Podríamos hablar de la civilización Ummita, de las caras de Bélmez, del Hospital del Tórax de Terrassa, de los círculos en las cosechas y de otros muchos asuntos que, prescripción médica, afrontaré en este mismo espacio dominical de forma monográfica cada uno de ellos en ocasiones venideras. Podría estar horas y horas, desgranando micros y macro fraudes en torno al mundo de lo insólito y el misterio. Pero antes de finalizar estas líneas me gustaría encajar lo expuesto en su justa medida; En este ámbito de la investigación y la divulgación, la verdad en mayúscula es la que prevalece. Como he señalado, mentirosos los hay en todos los campos, e incluso y no en pocas ocasiones hemos demostrado como desde ámbitos universitarios y científicos se han contaminado de forma intencionada expedientes sin explicación, para ridiculizarlos y ningunearlos ante su propia ineficacia y solvencia para poder resolverlos desde el campo de la lógica, el raciocinio y la docencia. Conocer que estas malas prácticas existen, dignifica la actividad y dedicación que muchos concentran en buscar respuestas, en encontrar las claves que descifren los infinitos enigmas que nos envuelven.




