La sobreexplotación de los acuíferos durante los meses de verano está detrás de la muerte de cultivos hortícolas registrada en los últimos años en la vega del río Duero, a la altura de Tordesillas (Valladolid). Así lo concluye una investigación liderada por la Universidad de Salamanca, que identifica por primera vez este fenómeno de salinización en el interior de la cuenca del Duero y advierte de que las cuencas continentales también pueden sufrir problemas similares a los detectados en zonas costeras.
El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Salamanca junto a la Confederación Hidrográfica del Duero y la Universidad Politécnica de Madrid, ha sido publicado en la revista científica Journal of Hydrology, Regional Studies.
Los investigadores han comprobado que el intenso bombeo de agua subterránea para el riego rompe el equilibrio natural del acuífero y provoca el ascenso de aguas profundas con una elevada concentración de sales. Cuando esa agua salobre llega a los pozos de captación utilizados por los agricultores, los cultivos sufren importantes daños e incluso pueden morir, como ocurrió durante las campañas agrícolas de 2020 y 2022.
"En la cuenca del Duero tenemos un acuífero continental separado del mar, pero que en ocasiones puede generar problemas muy similares a los que se producen en las zonas costeras", explica Pedro Huerta Hurtado, profesor del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca e investigador principal del estudio.
Para demostrarlo, el equipo empleó técnicas geofísicas avanzadas, análisis geoquímicos e isótopos estables, lo que permitió identificar dos niveles de agua subterránea. Mientras que en los primeros 100 metros predomina agua dulce de recarga reciente, por debajo de los 150-200 metros circulan aguas con una elevada salinidad adquirida tras miles de años en contacto con los yesos presentes en el subsuelo.
En condiciones normales, ambas masas de agua permanecen separadas. Sin embargo, el bombeo intensivo genera un efecto de succión que rompe esa frontera natural y hace ascender el agua salina hasta los niveles de captación destinados al riego.
Los autores insisten en que el objetivo de la investigación no es cuestionar el regadío, sino ofrecer soluciones que permitan hacerlo más sostenible. Entre las principales propuestas figura la instalación de sensores de conductividad eléctrica en los piezómetros de control para detectar de forma temprana el ascenso del agua salina. Esta medida permitiría adaptar los bombeos, alternar los pozos en funcionamiento o reducir las extracciones antes de que la salinidad afecte a las explotaciones agrícolas.




